Proyecto Hombre, historias con final feliz

César Sánchez Prieto en su lugar favorito del Centro Proyecto Hombre (Foto:Paloma Sánchez Celemín)
César Sánchez Prieto en su lugar favorito del Centro Proyecto Hombre (Foto:Paloma Sánchez Celemín)

Se levantan cada mañana con la esperanza de salvar una vida, con la firme confianza de ser capaces de reconducir el día a día de personas que han caído en un hoyo cavado por el alcohol y las drogas. Consiguen que recuperen la confianza en sí mismos y que vuelvan a ser cómo eran.

Son trabajadores de Proyecto Hombre, y sus metas no son otras que ayudar a los demás.

La década de los 80 en España estuvo protagonizada por una espectacular tendencia al consumo de heroína. Las situaciones de delincuencia y marginalidad y los primeros drogodependientes provocaron una fuerte alarma social que llevó en noviembre de 1984 a la apertura de la primera sede de Proyecto Hombre Madrid.

Hoy son 26 los centros repartidos por el país que luchan por sobrevivir a la crisis dada la falta de contribuciones. “Está siendo un momento muy duro porque contamos con menos ayudas públicas para hacer frente a todos los gastos que supone llevar a cabo Proyecto Hombre”, asegura César Sánchez Prieto, coordinador de Proyecto Hombre Joven Madrid y director del Programa Soporte para adolescentes.

Él es una de las personas más involucradas en la organización. Desde joven su vida siempre ha estado dirigida al trabajo social como voluntario y es terapeuta de jóvenes desde hace seis años. Asegura tener fe en la asociación, y es que, según Sánchez Prieto, posiblemente ése sea el requisito que un buen trabajador de Proyecto Hombre debe tener: “No perder nunca la confianza, ni en la labor que realizamos ni en lo que hacemos, y por supuesto, no perderla en nuestros ‘usuarios’. La clave está en creer en ellos”.

Siempre ha tenido fe en el trabajo que desempeña y, también, en la recuperación del ser humano. Pero las positivas consecuencias no solo recaen en las personas tratadas, sino también en los propios trabajadores. “Desde que estoy en Proyecto Hombre he aprendido a ser mejor persona”, manifiesta.

“Desde que estoy en Proyecto Hombre he aprendido a ser mejor persona”

Después de seis años tratando con jóvenes, su trayectoria profesional le ha llenado de buenos momentos, y asegura que “con simplemente ver la mirada de un chico, conectar con él, ver que ha encontrado la tranquilidad que necesitaba y que hay un momento de complicidad cuando todo era conflicto, es muy enriquecedor” a lo que añade que “el momento gratificante lo es porque ha habido un momento que no lo ha sido”.

Proyecto Hombre y las familias

La asociación siempre ha seguido un modelo de esquema basado en tres ramas fundamentales: programa, persona y familia. Para que los resultados sean favorables, los tres elementos son imprescindibles y necesarios, pero en especial Proyecto Hombre cumple un profundo compromiso con las familias, ya que, como asegura Sánchez Prieto, en muchas ocasiones “es importante centrar el problema en los padres”.

“Aunque tratemos de focalizar el problema fuera, hacia la sociedad, la influencia más importante es la de los padres. Promover cambios en los chicos comienza en promover cambios en los padres”, subraya.

La voz de una madre

“Lo pasamos fatal. Nosotros estábamos en un estado de desesperación, de angustia, de no saber qué hacer. Así que menos mal que encontramos Proyecto Hombre, que es como alguien que te acoge, una gran familia”, asegura Elisa Saracho, una mujer que luchó durante tres años para acabar con la adicción al cannabis de su hijo.

Ha pasado ya un año desde que su hijo terminó el tratamiento en Proyecto Hombre, y si algo ha aprendido es a confiar en un grupo de profesionales formado por terapeutas, psicólogos, maestros, voluntarios y educadores sociales.

Además, Saracho opina que “la empatía, efectividad y objetividad de los trabajadores han sido las cualidades necesarias. Es muy difícil reconocer que tienes un problema así, y llegar aquí y solo poder compartirlo ya es muy terapéutico. Ayuda mucho”.

Una alarma social anticuada

Durante la década de los años 80, la sociedad española estuvo volcada en una causa concreta, la drogodependencia. Un conflicto social que hizo que personas de todos los sectores se entregaran a este problema.

A lo largo de estos últimos años, las personas implicadas en la prevención del consumo de drogas han notado un cambio en la atención que el problema recibe por parte de la sociedad. “La drogodependencia no se ve atendida en España, se ha convertido en un fenómeno invisible”, relata Sánchez Prieto.

Aún así, Proyecto Hombre continúa con su compromiso de tender la mano a aquellos que les piden ayuda para abandonar el oscuro mundo de las adicciones, con la calidez necesaria y características propias de la organización.

La asociación formada por más de mil trabajadores y dos mil voluntarios, no se da por vencida y sigue luchando por una causa que salva la vida de 15.000 personas al año.

About Paloma Sanchez Celemin

Alumna de 4º de Periodismo en la FCOM de Villanueva

Deja una respuesta