Existe una vida en la calle que nadie conoce

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Fernando Ríos pidiendo en la calle (Foto: Cecilia Vizcaíno)

Son las ocho de la mañana. Está amaneciendo y ya empieza a notarse el movimiento de personas propio de esta hora en la ciudad. Ante las miradas indiferentes de los que se dirigen a sus quehaceres, abre los ojos y mira al colchón de al lado donde descansa su mujer con tapones y antifaz y la despierta cariñosamente.

Así son los amaneceres de Fernando Ríos y su mujer desde que hace siete años él perdió su empresa y su casa. “Nunca se me olvidará; era 17 de agosto y me vi sin nada. Cogimos dos colchones de casa y metimos en una bolsa de viaje cosas básicas y recuerdos. Nos quedamos en la puerta viendo cómo se apropiaban de nuestro hogar, de nuestra vida”, recuerda Fernando con tristeza.

Encontrar su lugar

Fue entonces cuando tuvo que mirar al miedo a la cara e improvisar un plan para sobrevivir. Su primera idea fue visitar casas de acogida, pero en todas obtuvo negativas por falta de espacio para albergar a más personas. Entonces se dio cuenta de que su única salida era la calle tanto para vivir como para trabajar. “Es todo incertidumbre y no sabes qué vas a hacer mañana, ni siquiera dentro de dos horas”, asegura.

Los problemas a los que se enfrentan durmiendo en la calle les han obligado a cambiar de parque cuatro veces durante estos años. “Las noches son muy duras, sobre todo en invierno; hay muchas peleas y es el sitio favorito de los jóvenes para hacer botellón”, se queja Fernando. Desde hace tres años viven en el madrileño parque de Azca donde se sumaron a un grupo de gente en la misma situación y con los que actualmente guardan una muy buena relación.

Una forma de sobrevivir

“Cuando te ves con una mano delante y otra detrás se te quitan las ganas de vivir, pero con el tiempo entiendes que hay que luchar. He intentado trabajar muchas veces pero no me contratan porque nadie quiere un empleado que viva en la calle”, explica. Tras muchos intentos, la única opción que le quedaba era pedir; y eso es a lo que se dedica desde entonces.

Un cartel escrito a mano en el que se lee “Por favor, una ayuda para poder comer. Muchas gracias” y un vaso de plástico son las herramientas con las que se gana la vida. Después de compartir con su mujer un sencillo desayuno, cada uno se va a su “puesto de trabajo”. El suyo en particular se encuentra en la calle Orense de Madrid. Aunque no tiene un punto fijo, su lugar preferido es la puerta del Vips. “Mucha gente te mira mal o ni te mira, pero estar en el mismo sitio es bueno porque hay personas que después de tanto tiempo te conocen, te saludan y te compran comida”, asegura sonriendo.

Vivir en la calle no te permite llevar una vida sana porque no tienen una alimentación equilibrada. Aún así Fernando está muy agradecido a comedores sociales como Cáritas, que le dan de comer cuatro días a la semana.

Otros casos

Como ellos son muchos los que sobreviven en la inseguridad de la calle. Marta Pazos y Dan Martín se ganan la vida disfrazados de Bob

Marta Pazos y Dan Martín, se ganan la vida disfrazados de Mickey y Bob Esponja (Foto: Cecilia Vizcaíno)
Marta Pazos y Dan Martín, se ganan la vida disfrazados de Mickey y Bob Esponja (Foto: Cecilia Vizcaíno)

Esponja y Mickey Mouse en la Puerta del Sol de Madrid. Son pareja y hace ya más de un año que llegaron de Colombia. Vinieron a la capital española en busca de un futuro mejor. A día de hoy creen que tomaron una decisión equivocada pues su situación económica no ha mejorado y encima están lejos de los suyos. “Queremos trabajar y nos da igual en qué pero no nos han dado la oportunidad. Llevamos ganando ‘el’ dinero en la calle desde que llegamos y hemos hecho de todo. Hemos pedido, hemos hecho espectáculos en los semáforos y ahora estamos así, dando globos a los niños y haciéndonos fotos con la gente a cambio de céntimos”, explica Dan.

A pesar de vivir en una habitación en la casa de un conocido de la familia, aseguran que el dinero no les da ya que todos los meses tienen que darle 100 euros y “la voluntad de la gente” no es un sueldo seguro. En un buen mes lo máximo que sacan son 250 euros y trabajando de sol a sol; los fines de semana incluso hasta la una de la madrugada.

La situación económica actual cada día deja a más gente en la calle y muchos sueños frustrados. Familias que un día lo tuvieron todo, hoy por hoy tienen que aguantar la frialdad de la calle y de las miradas de quienes no conocen sus historias.

About Cecilia Vizcaíno Zubiri

Alumna de 4º de Periodismo en el Centro Universitario Villanueva.

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