Videoclubs en 2013: una odisea sin espacio

Entrada del videoclub "Claqueta Toma 21"
Entrada del videoclub “Claqueta Toma 21”

¿Cómo sobrevive un videoclub en 2013? No, no se asuste si dudaba de que existiera alguno. Si decide darse un paseo por la madrileña calle del Pintor Ribera, se dará de bruces con un gran cartel amarillo que aún da la bienvenida a uno de estos locales.

Cerca de la estación de metro “Colombia”, el videoclub “Claqueta toma 21” es una pequeña joya que resiste la invasión de la piratería y otros medios no físicos para el alquiler de una película que han estado acabando con todos estos negocios, tan populares años atrás. Dentro podemos encontrar al dueño de uno de los únicos 30 locales que quedan en la provincia de Madrid, restos de un gran imperio que llegó a contar con mil de ellos hasta la llegada de la crisis.

Ángel Luis Guerrero López abrió este negocio hace 15 años, en un momento en que internet aún no suponía un peligro para la industria del cine. Hoy, con 51 años de edad, ve cómo su videoclub le llega a dar tantas pérdidas que a día de hoy estaría cerrado… Si viviera de él: “Sigue abierto por la pasión al cine, porque la piratería y sus descargas ilegales no dejan opción a un negocio rentable”, reconoce.

Según el diario “El País“, España es uno de los países líderes en descargas ilegales en el mundo. No solo las películas, sino también libros, discos de música o videojuegos sufren de este problema, haciendo perder dinero a gran número de trabajadores que se quejan de la poca protección que recibió la cultura en su día: “Hace diez años debió haberse controlado este asunto a través de la ley. En pleno 2013 esto ya es inviable gracias a la pasividad con que se tomaron la protección a la cultura”, afirma Guerrero.

El precio de alquilar un DVD

Si miramos negocios de alquiler online, vemos cómo una película puede valer 1, 2 o hasta 3 euros más que un DVD o Blu-ray físicos en “Claqueta Toma 21”. Por 3 euros puedes conservar la película durante 24 horas, viendo su contenido en alta definición si se desea, o curioseando los extras que incluye el disco, ligeras ventajas frente al monstruo que es la red y páginas web como Cinetube o Películas Yonkis. “No todo puede ser gratis en la vida”, comenta Ángel, “el proveedor nos sigue dando las películas a 30 o 40 euros esperando que las explotemos con el alquiler de muchos clientes, esto ahora es absurdo y muy caro para el videoclub”.

Negocios de alquiler online como Netflix (líder mundial en este campo) rechazan expandir su negocio en España. Por 7 dólares al mes podríamos disfrutar de todos los estrenos en alta definición, ¿Por qué no lo intentan? Porque incluso con ese precio, Netflix cree que la piratería española no le permitiría obtener ganancia económica en este país.

El dueño del pequeño videoclub madrileño lo tiene claro: “Ni siquiera el alquiler online funcionará en España. El videoclub físico desaparecerá, pero a los online no les auguro un futuro mejor ante las descargas”. Ilegales sí, pero gratuitas al fin y al cabo, son tentadoras para todo dueño de un Wi-Fi veloz.

La alternativa y la salvación

Guerrero prevé la muerte de este negocio en un futuro cercano, pero por el momento proporciona a sus clientes lo poco que internet no puede darles: “Aquí tenemos un trato personal con la gente. No solo encontrarán los últimos estrenos, también el cine independiente que la red no contiene. Su carátula, su argumento en la contraportada o nuestro propio consejo puede hacer que veas algo de lo que difícilmente encontrarás descarga”.

Los videojuegos no fueron su salvación económica, especialmente con una tienda GAME cerca del local. ¿La publicidad? Inútil. Incluso ofreciendo un alquiler gratuito no captaron nuevos clientes.

Su apuesta ahora mismo son las redes sociales, Twitter o Facebook, donde anuncian los estrenos de temporada, aunque mientras la ley no cambie no esperan ver mucha mejoría: “Países como Suecia te multan, prohíben internet, o incluso te arrestan si detectan una descarga ilegal. Así consiguen salvar la cultura”. Aquí la cosa esta más cruda, así que no tarde en experimentar un alquiler físico, pues dentro de poco podría ser parte del pasado.

About Diego Magaña Ibáñez

Alumno de 4º de Periodismo en Villanueva CU

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