Brujas: una ciudad a través de sus escaparates

Escaparate de la ciudad de Brujas
Escaparate de la ciudad de Brujas (Foto: Alejandra Santos)

El autobús que cogemos en la Estación Central nos deja en el corazón de Brujas, en la Plaza Markt. De pronto tenemos la sensación de haber ido a parar a otro mundo, en otro siglo, con otra gente.

Aunque el nombre de la ciudad pueda parecer tenebroso, lo cierto es que tiene una explicación. Viene del noruego antiguo “Bryggia” (puentes, muelles, atracaderos). Y en el idioma flamenco ‘Brug’ significa “puente”. En cuanto salimos de la plaza central y empezamos a callejear, no tardamos en darnos cuenta del por qué.

Toda una serie de puentes de piedra conecta las calles de esta ciudad atravesada por el río Zwyn y sus canales. Calles llenas de encanto por las que es difícil caminar a paso ligero. El por qué: sus escaparates.

[Las mejores imágenes de Brujas y sus escaparates, en esta galería]

Como buena ciudad belga, hace honor al chocolate. El olor dulce inunda las calles y la gente hace cola en cada chocolatería para probarlo y dar fe de la fama que le precede. Chocolate blanco, negro, con leche, con almendras, con avellanas. Chocolatinas en bolsas, tabletas, tartas, en forma de casa, de oso, de corazón, de botella, de pez.Todo lo imaginable, habido y por haber, está en Brujas. Y se puede comer.

Pero no todo es chocolate. A medida que avanzamos y recorremos hasta la calle más estrecha, vamos encontrando escaparates a cada cual más original.

Cualquier aficionado a la cerveza tendría que alargar su estancia en la ciudad para llegar a conocer cada tipo, variante, sabor, marca, color y olor. Las botellas están por todas partes, cada una con su toque distintivo. Por suerte, en pleno centro de Brujas hay una cervecería familiar llamada La Media Luna, instalada en la propia fábrica, la cual se puede visitar a la vez que se disfruta de la mejor cerveza local.

También hay un hueco para los nostálgicos. Varias tiendas nos hacen viajar al pasado, a aquella época en la que ahorrábamos para comprar un cómic. Los años en los que Internet era impensable y no había nada mejor que reunirse con los amigos a disfrutar de aquel montón de dibujos. Tintín y Milou, Los Pitufos o Lupin aguardan tras el cristal a que alguien quiera recordar.

Brujas fue nombrada Capital Europea de la Cultura en el año 2002, y como no podía ser menos, sus escaparates también hacen gala de ello. En figuras de madera, talladas y pintadas con paciencia y precisión, encontramos representadas las culturas de todo el mundo.

También es uno de los centros de la industria textil. Por eso no es raro encontrarse con impresionantes alfombras de tamaños exagerados que cuelgan de los altos techos. La gente se para a observar una en concreto: El Beso, de Gustav Klimt, convertido en alfombra.

Cuando parece que no podemos encontrar nada más, llegamos al mercado de Brujas. Cada sábado, desde las 8:30 de la mañana, éste se convierte en el lugar en el que se puede encontrar cualquier cosa.

Miniaturas de animales, cajas de galletas antiguas, jarras, recipientes, cubiertos, carteles de madera con todo tipo de dibujos, réplicas de motos y coches, figuras de madera tallada, espejos, baúles, collares, pulseras, amuletos, escudos…Un sinfín de objetos que nos llaman la atención a cada paso que damos y que nos gustaría meter en la maleta de vuelta.

Todo esto a orillas del canal, envuelto por el olor de un carrito de los helados en el que también venden gofres recién hechos, mientras el murmullo de fondo de varios idiomas lo hace todo aún más especial si cabe.

¿Se le puede pedir más a una ciudad?

About Alejandra Santos

Alumno de 4º de Periodismo y Edición en Medios Digitales en el Centro Universitario Villanueva

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