“Lo robo de noche y lo vendo de día”

“Chicas, que lo robo de noche, lo vendo de día, lo doy barato. Todo a mitad de precio lo que queda. ¡Liquidación por hambre hoy!”. Con este grito despiertan cada mañana los 186 mercadillos que tiene la Comunidad de Madrid.

Este negocio ambulante anclado en nuestras calles tampoco se escapa de la crisis. “La gente no compra, retiene mucho sus gastos y no puede darse un capricho. Nuestras ventas, desde que empezó la crisis, han caído un 70%”, lamenta Luis desde su puesto su puesto en Colmenar Viejo.

Más de 5.000 personas trabajan en los mercadillos de Madrid

Según los datos ofrecidos por el Registro General de Comerciantes Ambulantes de la Comunidad de Madrid son más de 3.423 profesionales autónomos que ejercen esta actividad contando con al menos 2.000 trabajadores a su servicio.

Pero además de su contribución como autónomos estos vendedores tienen que pagar una cuota variable al ayuntamiento del municipio en el que instalen su puesto.  “Los gastos dependen del lugar, en Manzanares pagamos cada tres meses 124 euros. También hay sitios que pagas por metro y están cobrando 5 euros el metro. Si tú montas 6 metros, echa la cuenta: son treinta pavos, más gasoil y almorzar, se te pone en 50 euros todos los días”, explica Juan en el mercadillo de Manzanares el Real.

Las diferencias en las tasas que se pagan a los ayuntamientos no dependen de unas variables fijas, pero sí tienen una tendencia clara: “Cada mercadillo tiene una norma, pero los mercadillos de Madrid son más baratos que los de la Sierra. En los de la Sierra estamos pagando mucho más dinero porque en Madrid se pueden pagar 300 euros al año y aquí estamos pagando cuatrocientos y pico euros”, afirma Juan.

Un oficio familiar

La estructura de este oficio es muy parecida a la de una empresa familiar, ya que normalmente es una actividad que se vive desde la cuna y va pasando de generación en generación y así lo argumenta Pedro: “Yo llevo en los mercadillos desde que tenía un año, que yo sepa soy la cuarta o la quinta generación, tanto por mi padre como por mi madre. Para mí esto es lo más. Yo no se estar trabajando dentro de cuatro paredes. A mí me gusta la calle, es muy bonita porque estamos en contacto con el público.”

Un trabajo de lunes a domingo

La jornada laboral es igual o incluso superior a la de cualquier otro trabajo. “Cada día vamos a un sitio distinto durante todos los días de la semana, sábados y domingos incluidos”, dice Pedro.

Los compradores de este tipo de comercio no cambian y hasta en ocasiones se hacen fieles a sus puestos.  Son muchos los que piensan que a raíz de la crisis el perfil del consumidor ha cambiado, pero Luis lo desmiente: “Aquí vienen de todas las clases, pero más de la baja que de la alta. Porque aquí las cosas nosotros las tenemos a cinco o diez euros, y si vas por ahí… ¿Qué señora viene al mercadillo? La que no se puede ir al Continente o a Galerías a pagar un dinero de 30 euros”.

A pesar de los descuentos, estos centros comerciales al aire libre no sacan beneficios de la situación económica del país. Siguen siendo muchos los reacios a comprar su comida o vestir sus ropas. Pero ellos no se rinden y siguen siendo el sonido, cada mañana, de nuestras calles.

About Cloe Garcia Lacroix

Alumna de 4º de Periodismo

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