Henrik Ibsen: un banquete de odios y envidias

Un momento de la representación de la obra de Ibsen a cargo del grupo de teatro de Villanueva
Un momento de la representación de la obra de Ibsen a cargo del grupo de teatro de Villanueva (Foto: Centro Cultural Nicolás Salmerón)

Un opíparo banquete es el encargado de abrir la función teatral. Trece personas son citadas en torno a una mesa dotada de abundantes alimentos. Lo que parece ser un almuerzo cotidiano entre conocidos y familiares esconde numerosas historias llenas de odios y envidias.

Normalmente cuando nos dicen que pensemos en un animal salvaje el ser humano tiende a imaginarse un lobo, un tigre o incluso un oso, pero un pato no está entre sus primeras opciones. Por eso llegó Henrik Ibsen con su cultura nórdica para enseñarnos que igual de fiero que un depredador puede ser este ave conocida por sus dotes acuáticas: el pato.

El grupo de teatro del Centro Universitario Villanueva, en el que actúan algunos de sus alumnos, eligió este año como obra para ser representada “El pato salvaje”. Su autor es considerado como uno de los dramaturgos más influyentes en el teatro moderno, además de ser el padre del drama realista moderno y uno de los antecesores del teatro simbólico.

La obra era sencillamente perfecta. Cabellos enfundados en estrafalarios recogidos, vestidos que parecían sacados de la cómoda del propio genio de la pintura española Francisco de Goya o lámparas con forma de jaula que colgaban del techo fueron algunos de los componentes decorativos que hicieron que todos los allí presentes viajaran en el tiempo desde las butacas del centro cultural de Nicolás Salmerón.

La función, dividida en tres actos, se desarrolló grácilmente con la ilusión que ponían los actores en la declinación de cada frase pronunciada. Los entresijos entre familias, los ajustes de cuentas entre caballeros y la inocencia de Elena, una de las protagonistas de la obra, convirtieron las dos horas de duración del espectáculo, en un fantástico banquete para los sentidos.

El temperamento de una niña, convertida en pato salvaje

El símil más profundo que se lleva a cabo en la obra es el de la pequeña Elena Olmedo, hija bastarda que sufre el rechazo inmediato del hombre que ella había considerado como su padre durante su efímera vida. Situación que le arrastra al suicidio, al dejarse guiar por las influencias de Gabriel Márquez, otro de los  personajes clave dentro de la obra.

Un trágico final con el que se cierra el argumento de la obra, creado por los actores con tal realismo que los espectadores lograron sentir la tristeza que experimentó la familia de la niña.

Como si de un pato salvaje se tratara, un profundo disparo en el pecho, acaba con su vida y con esta maravillosa experiencia de la que los alumnos de Villanueva hicieron partícipes al público.

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