Augusto Pérez, dos ruedas para un largo camino

“La entrada a la cafetería está ahí, pasa tu primero, que yo para poder entrar tengo que coger carrerilla”, dice Augusto Pérez, alguien para el cual ningún escalón es un impedimento en esta vida. Miembro de la selección estadounidense paralímpica de curling y esquí nórdico. 40 años, fuerte y musculoso, pero con un gran enemigo: un sarcoma de tejidos blandos que ya le arrebató en 2003 su pierna izquierda. Ya ha batallado en cuatro ocasiones contra esta enfermedad pero siempre se mantiene alerta: “Yo vivo siempre con la sombra de que el cáncer pueda volver”.

La pasión por el deporte le viene desde muy pequeño, ya que sabía darle patadas a la pelota antes de caminar. “Mi madre me decía: si los libros fuesen redondos hubieses sido un genio”, explica entre risas. El balón fue uno de sus grandes compañeros y gracias a él, patada a patada se trazó el camino hacia la universidad.

“Me ofrecieron becas para jugar al fútbol en Estados Unidos y mis padres me dijeron: tú puedes jugar al fútbol toda tu vida, competitivamente solo un tiempo, pero si algo te pasa nadie te puede quitar los estudios. Cogí la beca, y al final se demostró que mis padres tenían razón. Saqué mis estudios y terminé enfermándome a los dos años de salir de la universidad. Con lo cual no hubiese podido tener mi carrera deportiva, pero tenía los estudios”, argumenta consolado.

Su lucha

Toda una vida de lucha, lucha por ser mejor en el fútbol, lucha por sacarse sus estudios y lucha por ser más fuerte que el cáncer que le diagnosticaron en el año 2000. “Perdí el 70% de los cuádriceps, me lo diagnosticaron en el 2002 otra vez, en el 2003 otra vez y decidí que era mejor amputar la pierna a la altura de la cadera porque si el cáncer iba al pecho no podían hacer nada. La quimioterapia me daba solo un 1% de beneficio y la radiación en realidad no lo cura simplemente previene para que no vuelva”, explica.

La decisión de seguir su vida, pero sin pierna, fue suya. Tan es así que no quiso entrar al quirófano en camilla, el trayecto lo escogió él y por tanto el recorría ese último tramo con sus dos extremidades. A partir de ahora tendría dos ruedas para un largo camino.

Después de la amputación, a “Goose”, como le llaman en Estados Unidos, solo le rondaba una duda por la cabeza: cómo iba a vestirse ahora. “Cuando me levanté de la cama por primera vez no sabía cómo vestirme, me sobraba medio pantalón”, explica mientras esboza una pequeña sonrisa. Pero  a pesar de todo sigue sintiendo que su pierna le acompaña, “a veces me pica”, dice.

Aún conserva aquella con la que jugó tantos partidos de fútbol, ya que guarda sus cenizas en el sótano en el que entrena en su casa. “Pregunté cuánto costaba una incineración y me dijeron que 200 euros, así que le dije te doy 50 euros por que me incineréis la pierna, y así fue”, explica Goose.

Asegura que el dolor no se ha ido, que muchas veces le asalta, pero que va aprendiendo a controlarlo. Su mejor forma de sofocarlo es entrenando: “El dolor de entrenar me calma el dolor en sí”.  Pero reconoce que no quiere que el dolor desaparezca porque es precisamente este el que le recuerda que la vida son dos días.

“Veo el cáncer como una bendición”

Tal vez el amainar su dolor o simplemente  su amor por el deporte, hizo que a los dos días de ser operado, cuando tenía cincuenta puntos de sutura, comenzase de nuevo a entrenar. No desafió a los médicos puesto que estos le dijeron que podía apoyar peso pero no levantarlo, así que con ayuda de su hija colgada a su cintura comenzó a hacer dominadas.

Es un hombre positivo que busca el lado bueno de las cosas. “El cáncer se puede ver como una maldición o una bendición, yo lo veo como una bendición que me ayuda a ver que tengo que aprovechar cada momento”, afirma.

Carrera paralímpica 

Pese a todas las adversidades Goose cuelga de su cuello un gran peso, compuesto por cuatro medallas de oro y dos de bronce en curling y dos medallas de oro y una de plata en canoa a demás de otras muchas buenas posiciones en diversas competiciones.

Padre de familia

Pero antes que deportista es padre, un padre de familia que por pasar más tiempo con sus hijos buscó un deporte para practicar con ellos y  decidió  cambiar el curling por el esquí, un padre que aprovecha cada instante a su lado porque dentro de tres meses no se sabe que puede pasar.

¿España o Estados Unidos?

No cambiaría España por Estados Unidos: “Aquí sí que me siento impedido, la vida en Madrid no está hecha para nosotros, las aceras están inclinadas, la gente no respeta nuestros aparcamientos y en ningún sitio hay rampas bien construidas, pero como ya has visto los escalones no son problema para mí, yo cojo carrerilla y sigo adelante”.

About Cloe Garcia Lacroix

Alumna de 4º de Periodismo

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