Lorenzo Silva: “El Premio Planeta es una etiqueta algo aparatosa”

LorenzoSilvaMdS
El Premio Planeta Lorenzo Silva

Asegura que aún no tiene muy claro qué es lo que ha ganado, que todavía se sorprende cuando la gente le reconoce mientras pasea por Barcelona. Después de 30 años escribiendo y 18 publicando, Lorenzo Silva (Madrid, 1966) asegura que alzarse con el último Premio Planeta fue una sensación de lo más “desconcertante”.

“Los que nos dedicamos a la literatura estamos acostumbrados a que sea algo muy secundario en los medios de comunicación, pero ahora me encuentro con una cosa tan tonta y tan simple como que te paren por la calle. En ese sentido, el Planeta es una etiqueta algo aparatosa, pero quienes lo llevan sosteniendo durante estos 60 años han acertado al crear una marca que tiene un gran peso y que hace que mucha gente te vea de otra manera”.

Los cerca de 50.000 ejemplares que La marca del meridiano vendió durante su primer mes en las librerías así lo confirman. Protagonizada por una pareja de guardias civiles que investigan el brutal asesinato de un compañero de la Benemérita retirado, esta novela policíaca es el resultado de siete años de trabajo.

“Escogí este título para presentarme al certamen porque su género tiene la capacidad de llegar a muchísimos lectores. Además, los personajes protagonistas esquivan el cliché que tenemos sobre el mundo al que pertenecen, y por eso son tan eficaces. Son personajes muy próximos y cercanos, cuyo carácter y cualidades no te impide empatizar con ellos. No quería presentarme con una novela carente de fundamento pero no hay que olvidar que, además de literario, el Planeta es un galardón con cierta vocación comercial“, asegura en una entrevista concedida a La Correspondencia de Villanueva.

[El número completo de LA CORRESPONDENCIA, en pdf]

Una doble vida

Sin embargo, no han sido pocos los años que este madrileño ha dedicado a la literatura sin ninguna pretensión económica. Tras estudiar Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, ejerció la abogacía durante más de una década: “Yo escribía antes incluso de entrar en la facultad. Simultaneaba las dos vidas. Durante mucho tiempo mi trabajo, en el sentido más convencional del término, fue aquello que me permitió pagar las facturas, mientras que la literatura era algo que mantenía sin rentabilidad económica y sin ningún tipo de visibilidad. Pero llegó un momento en el que comprendí que era muy difícil mantener dos actividades profesionales exigentes al mismo tiempo. llego la hora de elegir y escogí mi vocación sin mucha dificultad”.

Tras el nacimiento de su segundo hijo, aprovechó una excedencia de paternidad de la que no he regresado jamás.

Un editor en el desierto

Lejos de conformarse con la escritura, su pasión por la literatura le ha llevado a fundar una pequeña editorial. Con la única infraestructura de un Mac sobre una mesita en la buhardilla de su casa, Playa de Ákaba ya tiene sus cuatro primeros títulos en las librerías. “El nombre es un homenaje a la historia de Lawrence de Arabia. Me sedujo por ser la metáfora de una hombre que, contra todo pronóstico, logra vencer a un ejército”.

Esa voluntad del individuo detrás de un objetivo “tan poderosa” simboliza para el escritor la esencia de la literatura: “Al fin y al cabo es precisamente eso: un empeño un poco desesperado y un poco imposible por hacerte oír y por trasladar un mensaje. Playa de Ákaba es el lugar al que llega Lawrence después de derrotar a los turcos, tras atravesar un desierto que se pensaba que era imposible de cruzar. Esa es nuestra metáfora como editores y también como autores: atravesar ese desierto y llegar a un lugar donde lo que escribas forme parte de la vida de los lectores”.

A pesar de haberse atrevido a embarcar en esta “romántica” aventura, hay algo que a sus 47 años se le sigue resistiendo: “La poesía es un impulso que te tiene que brotar y que requiere una serie de destrezas que yo no soy consciente de tener. De joven lo intenté en varias ocasiones, pero hoy me doy cuenta de que no hay por qué castigar ni al papel ni a la gente con mis versos”, bromea.

Pura vocación

Junto con la capacidad de reconocer las propias limitaciones, la paciencia es, bajo su punto de vista, otra de las condiciones de todo buen escritor.

“La literatura es un ejercicio de lectura, porque escribimos a partir de lo que hemos leído, pero también de observación y de escucha. Hay algo más que libros para contener el lenguaje, para construir las historias y los personajes o para dar con aquello que te va a diferenciar del resto. Además, la paciencia también es clave. Con los años te das cuenta de que nada que se aprenda rápido merece la pena“.

Pero esto no es todo. De nada servirá todo lo anterior si se carece de lo más importante: la vocación. El que quiera dedicarse a la literatura primero tiene que ponerse delante del espejo y preguntarse si realmente quiere hacer esto. Al igual que la medicina, la enseñanza o la milicia, la literatura es algo que no merece la pena si no tienes vocación. Si te preguntas si seguirás escribiendo dentro de 50 años, aunque no haya conseguido que nunca que nadie te lea, y la respuesta es afirmativa, entonces adelante”.

(Visited 250 time, 1 visit today)

About Victoria Gallardo

Estudiante de 5º de Periodismo

Deja un comentario

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.