Roma, año I después de Francisco

El Papa Francisco, en una audiencia multitudinaria en San Pedro esta Semana Santa (Foto: Luis Olábarri)
El Papa Francisco, en una audiencia multitudinaria en San Pedro esta Semana Santa (Foto: Luis Olábarri)

Unos la llaman la ciudad más idílica del mundo; otros prefieren apostar por aquello que han escuchado infinidad de veces, e inclinarse finalmente por la ciudad eterna; unos cuantos, por su parte, jamás han estado en ella y desconocen de sus poderosos encantos. Para estos últimos, esta Semana Santa ha podido ser la oportunidad perfecta para descubrir qué significa vivir en Roma.

Y Roma no se reduce solo a unas cuantas fotografías sosteniendo el Coliseo, o unas postales más o menos originales visitando el Panteón; ni siquiera se reduce a la inconfundible personalidad de las personas que la habitan. Roma posee desde hace unos días una persona que ha logrado en poco tiempo cambiar en muchos aspectos el día a día de los italianos. Se trata del reciente Papa, Francisco, un humilde argentino que con su carismática presencia ha obtenido el beneplácito de la gran mayoría de los romanos.

La ciudad italiana comenzó a ser otra el día 11 de febrero. Benedicto XVI había renunciado a su papado y la Santa Sede quedaría vacante el 28 por la tarde. A partir de ese instante las quinielas se disparaban por parte de todos los medios de comunicación. Pero nadie podía imaginar que la persona que fuera a ser elegida para liderar la Iglesia Católica iba a ser el cardenal Bergoglio, el primer Papa sudamericano de la historia.

La respiración de Roma

Las principales televisiones del país, como RAI 1 y Mediaset (la cadena televisiva de Berlusconi), acogieron la noticia con enorme optimismo. No tardaron mucho tiempo en proclamar que el Papa, además de argentino, tenía raíces italianas, por lo que la población romana quedó en cierto modo identificada con su figura. Sin duda, Roma se volcó antes y después de la elección de Francisco.

Por ejemplo, durante los días y las horas antes de su elección, todos los programas de televisión tenían una pequeña imagen en la parte superior de la pantalla con la chimenea donde saldría posteriormente la fumata blanca, para que todas las personas conocieran en directo el gran acontecimiento. Del mismo modo, los noticiarios de la semana siguiente comenzaban siempre con las declaraciones del Santo Padre, ocupando aproximadamente los primeros siete minutos del telediario.

Más visitantes hispanoamericanos

Obviamente, los grandes beneficiados entre tanta multitud, aplausos, turistas, banderas y la enorme expectación ocasionada, han sido los restaurantes, las tiendas de souvenirs y los hoteles. Un camarero de una cafetería de la Piazza Navona reconocía a cuv3 que “el negocio no había percibido un crecimiento especialmente grande en sus ganancias, pero sí que se había incrementado en la cantidad de clientes sudamericanos durante esos días”. Las tiendas de souvenirs funcionaban ya con las nuevas imágenes, estampas, rosarios y chapas del nuevo Papa. Todos los métodos de marketing y ventas se sucedieron rápidamente.

Roberto, un policía destinado a custodiar  las zonas colindantes a la Plaza de San Pedro, declaraba que “la vigilancia no había variado demasiado durante la Semana Santa, a excepción de aquellos actos en los que el Romano Pontífice estaba presente”. Sin embargo, resaltaba que “en esta Semana Santa hay una mayor aglomeración de personas extranjeras que en otros años”.

Un Papa cercano

Por encima de todo, la persona de Francisco ha supuesto un cambio considerable en cuanto a la imagen que desprende la Iglesia en la actualidad. A lo largo de todo el proceso de elección la expectación que se generó fue máxima. Roma literalmente se paralizó: los coches quedaban aparcados en mitad de la carretera en la búsqueda por llegar a la Plaza de San Pedro, los carteles publicitarios que adornan las inmensas aceras italianas se vestían de la foto de Benedicto XVI en un gesto de agradecimiento, las primeras oraciones del cardenal Bergoglio eran aclamadas por muchísimas personas…

“En general, el desprendimiento y su amor a los pobres es lo que más nos ha llamado la atención”, asegura Paula, una mujer italiana que afirma que “los gestos del Santo Padre habían cautivado a creyentes y no creyentes”.

Muchos destacan que su evangelización más cercana y menos teológica que la de su sucesor ha sido un factor clave para el origen de estas transformaciones. Roma seguirá siendo Roma: continuará considerándose como la gran ciudad eterna, o la ciudad más idílica del mundo…

Probablemente los turistas realizarán las mismas fotografías junto al Coliseo o a los Foros romanos. Sin embargo, en esta Semana Santa Roma posee un perfume más, un olor distinto, una fragancia nueva para los que la visitan por primera vez y también para aquellos que creían haberla conocido.

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