El templo de Debod languidece

El Templo de Debod al atardecer(foto Pablo Amor)

Cuando este redactor se dirigía al Templo de Debod, situado en  Madrid, esperaba encontrar un templo antiguo y poco interesante. Unas ruinas de un tiempo lejano donde echarse una buena foto y curiosear un poco. Al llegar allí todo es diferente, el templo tiene vida propia. Más de doce empleados trabajan para que desde el más pequeño al más anciano, sin salir de la capital, pueda retroceder en el tiempo a una época de  ritos sagrados y grandes faraones egipcios. Un espectáculo que nadie debería perderse.

Un regalo para España

Este no es un templo cualquiera,  no es una reproducción,  es auténtico y es un regalo de Egipto a España¿Cuál es el motivo?: agradecer a España la ayuda prestada por la UNESCO durante la salvaguarda de los restos arqueológicos afectados por la construcción de la nueva Presa de Asuán. El templo se instaló en el mismo emplazamiento en el que estaba situado el Antiguo Cuartel de la Montaña de Príncipe Pío, lugar en el que muchos madrileños fueron fusilados el 3 de mayo de 1808 por las tropas francesas durante el inicio de la Guerra de la Independencia.

El Templo de Debod procede de una zona desértica de la Baja Nubia, situada al sur de Egipto. Allí, entre el año 180 y 200 a.c, Adjalmani, rey de Meroe, ordenó la construcción de esta capilla dedicada al dios Amón. En el siglo VI el crstianismo había llegado con fuerza a Egipto y el templo fue abandonado, por lo que quedaba convertido en un recuerdo de religiones pasadas con inscripciones antiguas.

Las obras de otra presa en los años 60 supusieron el peligro definitivo de que el templo quedase sumergido. Esto hizo que el templo se trasladase junto a otros importantes restos unos metros hacia el interior. En 1959, un equipo español colaboró en el despiece del Templo de Abu Simbel. El gobierno egipcio decidió entonces donar a los países que habían participado en aquella monumental campaña cinco templos, entre ellos el de Debod. En 1968 se concedió la petición española y el templo fue llevado por partes desde su ubicación hasta Madrid dos años después.

El templo se está muriendo

Cuando cuv3 se acercó a verlo ya era tarde y la noche estaba cayendo. Los encargados de la seguridad encendían los más de cien focos que son necesarios para poder iluminar los jardines del templo. Una larga fila de niños se acercaba en dirección a la puerta. Habían venido desde un instituto en Castellón a visitarlo.

“Hemos venido a ver el Palacio Real y el Templo de Debod, nuestros profesores dicen que es una maravilla”, afirmaba uno de los alumnos. Una vez dentro lo mas de cincuenta alumnos recibían toques de atención por parte de los vigilantes -“no os apoyéis en las paredes” , les advertían-. Cada una de las obras con más de más de dos mil años de antigüedad estaba al alcance de todo aquel que quisiera tocarlas, modificarlas o incluso destruirlas . Algo estaba  pasando allí dentro.

Cada día el templo recibe alrededor de 800 visitas. Durante la navidad, fines de semana o puentes más de tres mil personas se desplazan para poder verlos. Según los trabajadores del templo son muchos los extranjeros que también vienen hasta aquí solo para visitarlo. Según sus propias estadísticas es el sexto lugar más visitado de la capital madrileña.

A pesar de esto el templo está sufriendo. El motivo, algo a lo que ya estamos acostumbrados, la crisis. “Esto es una vergüenza , a partir del 31 de diciembre echan a toda la plantilla, todas las azafatas encargadas de enseñar el templo y guiar la visita han sido despedidas y eso que cobraban una miseria”, anuncia uno de los trabajadores del edificio.

Vandalismo en el Templo de Debod

Pero esto no es todo. La crisis ha llegado hasta tal punto que la seguridad de un edificio con tanto valor histórico como este está en peligro. Uno de los guardias de seguridad explica lo que allí ha visto: “Todo el mundo toca las paredes y los grabados, cada vez están más deteriorados, es una pena. Algunos incluso han rasgado la piedra con navajas o llaves. Los templos que también regaló a EE.UU u Holanda no están en el mismo estado, tienen protección y no se puede acceder al material arqueológico”.

La situación ha llegado a ser tan extrema que uno de los empleados sufrió en su propia salud las consecuencias de la crisis: “El año pasado estuvimos sin calefacción, trabajar aquí en invierno era insoportable, yo cogí neumonía y casi no lo cuento”, afirma.

 

About Pablo Amor

Estudiante de 3º de periodismo en el CUV

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