Cuando el cáncer entra por la puerta y sale por la ventana

Susana con los pañuelos y la peluca que le ayudaron en el momento más duro. (Foto: Marta Candela)

“Nunca pensé en la muerte, aunque en el momento en que me confirmaron que era cáncer, sí”. Hoy, pasados dos años desde que le detectaran la enfermedad, Susana recuerda -totalmente recuperada- cómo vivió el cáncer de mama, el suyo, aquel que nunca imaginó llegar a tener. Con motivo del Día Mundial contra el Cáncer de Mama, cuv3 ha estado con ella.

Lo más duro de esta enfermedad -dice- fue la caída del pelo. A Susana, que hoy tiene 51 años, le detectaron hace dos un cáncer de mama tarde, pero a tiempo. Tarde, porque su ginecólogo de toda la vida no supo ver en los resultados de la revisión anual que Susana tenía esta enfermedad. A tiempo, porque el tumor no se había extendido y estaba bien localizado. Aquel día comenzó una nueva vida para Susana.

Una paciente de riesgo

Todo empezó con una revisión periódica cuando, al ver los resultados de la mamografía, los médicos no dieron importancia a algo extraño que vieron. Susana debía volver a hacerse una prueba pasados seis meses o, incluso, un año: “Yo lo dejé pasar, aunque de vez en cuando me preocupaba. Una amiga notó que estaba preocupada y me dijo que fuera a otra ginecóloga. Cuando me hizo la ecografía de mama confirmó que había un nódulo, que al final resultó ser un tumor maligno“. Tras hacerle la biopsia, los médicos le diagnosticaron cáncer de mama.

Hoy, viéndolo con cierta perspectiva y tranquilidad, Susana lamenta que el equipo de Ginecología no supiera leer la información de los resultados cuando, además, ella era una paciente de riesgo que tenía antecedentes directos “con resultado de muerte”. Su abuela y su tía, por línea materna, murieron de cáncer. Aún así, nunca se imaginó que algún día le tocara a ella. Hoy cree que todo fue “una lotería”.

En el momento de recibir la noticia, Susana se encontraba con su marido. Al principio se asustó “muchísimo” pero, entre los dos, después de llorar un buen rato, decidieron que iban a pelear y a plantarle cara al cáncer. Allí, los dos, frente a la doctora, asimilaron la noticia con valentía y firmeza.

“Me he vuelto más dura y no me gusta” 

Después de su marido, la primera persona que lo supo fue su hermana mayor, Isabel: “Sé que se asustó muchísimo pero no me lo quiso transmitir”, cuenta Susana. Isabel se derrumbó por dentro pero no tuvo más remedio que tomar aire y ejercer de hermana mayor: “Me dijo que no me preocupara, que de ésta se salía y que seguro que la medicina había avanzado mucho”. Susana no se emociona mientras lo cuenta porque, dice, se ha vuelto muy dura, aunque eso no le gusta. Ahora se considera más fuerte ante los problemas de la vida.

Sus tres hijas, de 23, 20 y 18 años en aquel momento, se asustaron “horrores” y se enfadaron con su madre por no habérselo contado desde el primer momento: “Sobre todo se asustaron porque para ellas cáncer significaba muerte“. Susana tenía un motivo para no contarlo todavía: quería que los médicos le aseguraran que aquello era cáncer: “¿Para qué darles la noticia si su marido y ella aún no lo sabían con certeza?”.

En seguida, Susana notó el apoyo de los suyos, algo que considera fundamental para superar esta enfermedad: “Sin eso no hubiera sido ni parecido”, dice. Aunque confiesa haber echado de menos el apoyo y el cariño de alguna persona en concreto, Susana ganó el apoyo de gente que nunca se hubiera imaginado, aquélla con la que no tenía una relación de amistad sino que fueron, hasta ese momento, “relaciones muy superficiales” para ella: “Me sentí absolutamente arropada, querida y apoyada”.

“Lo más duro fue la caída del pelo”

La caída del pelo supuso un momento muy duro para Susana porque se confiesa una mujer muy coqueta que valora mucho su imagen. Verse bien le hacía sentirse bien consigo misma, aunque asegura haber sido consciente durante ese tiempo de que la caída del pelo era algo totalmente secundario, y por supuesto, pasajero. Llegó el momento de la caída y Susana, aconsejada por los profesionales, se rapó antes de que la caída fuera total: “Aunque era un momento al que yo tenía pánico y traté de evitarlo porque me raparon con el espejo tapado, al final me atreví a mirarme y mi primera reacción fue de risa”. ¿De risa? Sí, Susana se vio tan parecida a su hermano José que sólo le faltaba el bigote para ser él.

El siguiente paso fue la elección de la peluca. Susana tuvo la suerte de poder permitirse una de pelo natural de un centro especializado en Oncología, donde notó una gran sensibilidad y profesionalidad por parte del personal del centro: “Consiguieron, de manera espectacular, recuperar mi aspecto”, comenta. Incluso, aquéllos que no sabían de su situación no se daban cuenta de que ese no era su pelo.

Susana se mantuvo firme durante la enfermedad. Otros acontecimientos muy duros en su vida le hicieron ser más fuerte aún, como la muerte de su hermano pequeño. A pesar de ello, el miedo tuvo su parte de protagonismo, sobre todo al principio, cuando le dijeron que se trataba de cáncer. Los buenos resultados de las pruebas a las que Susana se iba sometiendo fueron su medicina para derrotar al miedo: “Las ganas de vivir, de no perderme la vida de mis hijas y, además, que tenía 48 años; fueron los motivos por los que conseguí salir adelante”. A Susana le quedaba aún mucho por disfrutar.

Hay que volver a operar

La primera operación fue, aparentemente, todo un éxito. Sin embargo, a los 15 días llegó otra mala noticia: había que volver a intervenir. Hubo un borde del tumor que no estaba totalmente limpio: “Ese fue otro momento duro”, recuerda Susana. Al final, las sesiones de quimioterapia -con toda su dureza- fueron sobre ruedas y los resultados ya eran siempre positivos. Su marido estuvo siempre a su lado, siempre. De vez en cuando, sus hijas o su hermana mayor eran quienes, además, le acompañaban a recibir “la quimio”. Después llegó la radioterapia y la mejoría en el aspecto físico y mental no tardó en aparecer.

Un mes después de terminar el tratamiento, Susana decidió quitarse la peluca y enfrentarse a su nueva imagen: sin pelo pero con toda la vida por delante: “Hubo gente que me dijo que me parecía a Halle Berry, en un alarde de piropearme”, comenta entre risas.

Los profesionales de este sector también jugaron un papel importante a lo largo del cáncer de Susana: “Son personas absolutamente especiales, que te tratan con una sensibilidad y un cariño extraordinario, -comenta-. Siempre les estaré muy agradecida”. La persona que hace dos años padeció este cáncer, hoy confiesa no acordarse a veces de lo que vivió. Sólo quiere mandar un mensaje a todas las mujeres: “Es fundamental la prevención“.

“¿Qué me está pasando?”

Hoy, cada vez que tiene que volver a una revisión, Susana siente más miedo que cuando tuvo la enfermedad. Miedo de volver a pasarlo porque ahora ya sabe que el cáncer es duro. Ese miedo es contrarrestado por la fuerza y positividad que Susana ha ganado a raíz del cáncer de mama, y es que ahora vive la vida con mucha más alegría: “El cáncer me ha dado más de lo que me ha quitado”, asegura. El primer día lloró, sólo el primero. Ya nunca volvió a hacerlo. Hoy llora porque le emocionan mucho las cosas pero la enfermedad, dice, le hizo “fuerte, muy fuerte”.

Mientras esperaba los resultados de la biopsia del nódulo, Susana empezó a escribir un diario en el que contaba su día a día en la lucha contra el cáncer. Esta fue su vía de escape para desahogarse. Lo tituló “¿Qué me está pasando?”. Las últimas palabras de ese diario fueron, como dice la canción, “se acabó, porque yo me lo propuse. Y sufrí. Y después de luchar contra la muerte, VIVÍ”. En esas páginas siempre quedará el recuerdo de una mujer que sufrió una enfermedad dura pero curable en el 95% de los casos. Un cáncer que un día entró por la puerta y otro, salió por la ventana.

About Marta Candela

Estudiante de 5º de Periodismo en el Centro Universitario Villanueva (Complutense). Twitter: @MCandela_ / E-mail: mcandelam@gmail.com

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