Ni grilletes ni uniformes de rayas

Patio de entrada Prisión de Mujeres Alcalá Meco

Una carretera austera. Mirada a la derecha: nada, mirada a la izquierda: nada. A pesar de saber que el tiempo de la estancia no durará más de dos horas el camino se hace largo. “¿Y si tuvieras que pasar aquí los próximos siete años de tu vida?”. Un pequeño escalofrío. De frente y a lo lejos se levanta un bloque de cemento gris, como una piedra en medio de la nada.

Barrera de seguridad, policías, documento nacional de identidad. No se pueden introducir aparatos electrónicos de ningún tipo. “Asegúrate de tener la identificación en un lugar visible todo el rato”. Vuelta al coche, y otro camino. Y de pronto, esa línea en forma de reja que separa dos mundos: la calle y el Centro Penitenciario Madrid I de mujeres de Alcalá Meco. “¿Será como en las películas americanas?”.

Nada más lejos de la realidad. Al entrar, un patio cuadrado con la parte central al aire libre. En las zonas cubiertas se encuentran las oficinas y salas en las que trabajan algunos de los funcionarios de la prisión. Con plantas y árboles en el centro, la zona descubierta dista mucho de la imagen tenebrosa y rígida que se configura en las cabezas de quienes no han estado allí. “Esto más que de cárcel tiene aspecto de colegio mayor. Y eso que éste centro ya tiene años”, explica Jesús Moreno, director del centro. Aún no hemos llegado a la zona de reclusión, pero no se escucha el sonido de los grilletes.

Las salas de comunicaciones

Atravesando el patio hay una puerta por la que se accede a la antesala de la zona en la que se encuentran las reclusas. Otra reja que se abre de forma automática y ahí están: las famosas salas de comunicaciones. Una larga cristalera dividida en pequeñas secciones con sillas a ambos lados, y una suerte de caja de metal con pequeños agujeros por los que pasa el sonido.

Las hay de dos tipos: una en las que los abogados defensores se comunican con las presas (cualquier día y a cualquier hora con el único requisito de presentar su acreditación) y otra en las que las presas se comunican con sus familiares o personas cercanas (siempre de manera autorizada y acreditada) dos veces a la semana durante veinte minutos o una vez a la semana duración cuarenta minutos.

Moreno explicó a cuv3 cuál era el funcionamiento de las ‘comunicaciones especiales’ (vis a vis). Pueden ser de tres tipos: íntimas (una vez al mes y se realizan en estancias preparadas al efecto y su duración no será inferior a una hora ni superior a tres); familiares (se conceden una vez al mes y su duración no será inferior a una hora ni superior a tres. Esta comunicación se concede a familiares y allegados); y de convivencia (se conceden para que la persona presa comunique con su cónyuge o pareja de hecho e hijos menores de 14 años. La duración máxima será de 6 horas una vez al mes).

Mientras algunas presidiarias se dirigen a esta sala, atravesamos la puerta que lleva al espacio en el que las mismas hacen su vida diaria. “¿Dónde están los grilletes y los uniformes de rayas? ¿Y los guardias látigo en mano?” Bien, esto no es una cárcel del siglo VII.

Baile o teatro para las internas

A la entrada de las instalaciones se encuentra el salón de actos en el que las internas, dirigidas por una profesional, realizan actividades como baile o teatro. De hecho, el grupo de teatro YESES (formado por ellas) hace dos giras al año por diferentes lugares de España representando las obras que preparan a lo largo del año.

En frente, y entre zonas verdes que recuerdan a un campamento, se encuentran las instalaciones deportivas, en las que varias reclusas juegan un partido de voleibol. Dotado de diferentes artilugios para mantener la forma física, el polideportivo cubierto es un lugar en el que se pretende que estas mujeres realicen actividades de provecho e incluso encuentren una manera de descargar energías. También hay una cancha de baloncesto al aire libre y una piscina de dimensiones considerables que por motivos económicos lleva dos años sin funcionar.

Interior de la Prisión de Mujeres de Alcalá Meco

La prisión también cuenta con un gran taller de confección en el que las presas realizan uniformes, togas y otras prendas. También hay una panadería en la que las presas que trabajan en ella producen una media de 6.000 barras de pan diarias (una parte va dirigida a la prisión de hombres).

Estas internas tienen un sueldo que ronda los 300 euros mensuales y, a pesar de que no todas pueden o quieren trabajar, es una suma económica que les permite ayudar a sus familias y mantenerse a si mismas dentro de la cárcel. Hay un economato en el que se pueden adquirir artículos de primera necesidad y también algunos de ‘capricho’, como las televisiones.

Las presas que no quieren salir

La Prisión les controla y administra el dinero: tienen derecho a disponer de 80 euros semanales (de sus propios ahorros). Ante esto, cabe preguntarse si no habrá gente que prefiera delinquir para ingresar en prisión antes que vivir en la calle de forma precaria, a lo que el director alegó que, efectivamente, esa es una realidad y de hecho hay presas que no quieren salir una vez cumplida su condena.

Hay varios comedores así como varios tipos de dietas con el fin de que sean adaptables a las circunstancias de cada presa. También, para aquellas de religión musulmana, durante el Ramadán existe un horario y comidas especiales para que puedan cumplir con su culto.

Asimismo, la prisión está dotada de un servicio médico las veinticuatro horas del día (cosa que no sucede en todos los centros penitenciarios), de tal manera que una presa que se encuentre mal o necesite cuidados médicos los podrá recibir en cualquier momento.

La prisión de Madrid I Mujeres de Alcalá-Meco se configura en cuatro módulos distintos: el módulo A-2, uno de los más tranquilos del penal a diferencia del B-1, “el de las conflictivas”; el B-2, el módulo de respeto, en el que se encuentran las reclusas con mejor comportamiento de la prisión y el A-1, llamado el ‘Lerele’ al estar copado mayoritariamente por mujeres gitanas.

Un lugar para leer o ver la televisión

cuv3 tuvo la oportunidad de visitar el módulo de respeto y entrar en algunas celdas guiados por Jesús Moreno y en compañía de Francisco Velasco, profesor de Derecho del Centro Universitario Villanueva. Los módulos tienen forma de chalet, están divididos en dos alturas en las que se encuentran las celdas. En el primer nivel hay un espacio con mesas y sillas en el que las presas pueden pasar el tiempo.

El módulo de respeto es el único en el que está permitido a las reclusas entrar y salir de su celda cuando lo deseen. Pueden leer, estudiar o ver la televisión, la única condición es que no estén tumbadas en la cama. “Aquí promovemos la actividad y el provecho del tiempo”, asegura el director. Mientras tanto, las internas paseaban, hablaban, entraban y salían de las celdas, fumaban e incluso reían sentadas en los bancos situados a la entrada del módulo. Ni rastro de los uniformes de rayas.

¿Cómo es una celda?

Hay celdas dobles e individuales. En algunas está permitido fumar y otras tienen un cartel que reza ‘espacio libre de humos’. “Las presas pueden fumar en su celda, es lo más parecido al espacio privado”, explica Moreno. Son de tamaño reducido y por norma general en las paredes se agolpan fotos de familiares y dibujos. Tienen un pequeño espacio dedicado a la ducha y el retrete así como un fregadero para lavar cosas básicas.

Como ya se ha mencionado, y para sorpresa de muchos, las presas tienen derecho a tener radio y televisión en cada celda, por lo que ninguna de las que pudo ver esta redactora quedaba libre de este aparato. “Ahora pueden comprarlas en el economato pero el proyecto futuro y que se está aplicando en las cárceles nuevas es que las televisiones vienen ya empotradas en la pared. Es, en cierto modo, una cuestión de comodidad ya que cada vez que una presa es trasladada hay que trasladar también su televisión y es muy fácil que se rompa en el trayecto y el coste de arreglarla no compensa”, dijo Jesús Moreno.

Por último, la biblioteca. Una de las presas trabaja ahí como bibliotecaria y explicó amablemente cuál era su funcionamiento. Está dotada de una variedad de libros considerable, y el número mensual de presas que alquila ejemplares es cuanto menos sorprendente. Éste último mes se han contabilizado más de 500 fichas de alquiler (el mismo número de presas que hay en la prisión).

“Hay presas que llegan a leer casi tres libros por semana. Esto les ayuda a que el tiempo pase más rápido”, comentó. Después, a algunas se les pide que realicen una ficha que resuma el contenido del libro para que la próxima persona sepa de qué trata. Hay presas que están cursando una carrera durante su condena y también acuden a la biblioteca para buscar información académica.

En cuanto al perfil general de presa de éste centro, Jesús Moreno explicó que suelen ser mujeres penadas por delito Contra la Salud Pública (un 80% de ellas). En concreto, mujeres que llegan al Aeropuerto de Barajas de Madrid con drogas en la maleta o incluso dentro de su propio cuerpo con la intención de que los perros policía no la detecten.

A la pregunta de si había mujeres condenadas por homicidio, el director contestó que el porcentaje de condenadas por eso es pequeño. La gran mayoría de presas proviene de países de América Latina aunque aseguró que cuentan con presas de países de todo el mundo. De hecho a veces la comunicación es difícil ya que algunas hablan dialectos que nadie conoce, aunque siempre hay presas que ejercen de intérprete entre sus compañeras y los funcionarios.

Disputas por celos

La mayor parte de las disputas son provocadas por los celos. En esta prisión son habituales las relaciones entre presas, y éstas escapan a las competencias de los funcionarios por lo que éste tipo de peleas es inevitable. En cuanto a las sanciones, no son muy estrictas. Si bien es cierto que un buen comportamiento puede ser un punto positivo a la hora de reducir su condena, las malas actitudes no son ‘castigadas’ con severidad. Suelen conllevar la apertura de un expediente de faltas y en casos muy graves el traslado al módulo de aislamiento.

Para muchos esto puede ser el reflejo de una legislación demasiado blanda y permisiva, y a esto Jesús Moreno responde que, en todo caso, la prisión tiene dos objetivos clave: la retención y la reinserción. “No se trata de que estén aquí toda la vida o de que vengan a realizar trabajos forzosos sino de que cambien su conducta y hagan cosas de provecho como sacar una carrera o trabajar. Por supuesto que tienen que pagar por sus errores, pero también hay que intentar que se enderecen y que a su salida puedan formar parte de la sociedad sin alterarla”, manifestó.

De hecho, muchas de ellas necesitan ayuda y no son pocas las asociaciones y ONG’s que hacen visitas regulares a la prisión con el fin de prestarles servicios de psicología o simplemente hacerles compañía.

Dos horas después, termina la visita. La periodista vuelve a atravesar esa reja de vuelta a la calle y a recorrer el mismo camino austero del principio, esta vez con una imagen totalmente distinta a la inicial. La cárcel no es como pensábamos y desde luego dista mucho de lo que vemos en las películas. Y si no, que se lo digan a Clint Eastwood en su Fuga de Alcatraz.

About Alejandra Santos

Alumno de 4º de Periodismo y Edición en Medios Digitales en el Centro Universitario Villanueva

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