El ballet también es un deporte de riesgo

Bailarinas durante el entrenamiento en la escuela Scaena

Zapatillas y lazos de color rosa, tutús y maillots en tonos pastel. ¿Piensan que en la danza clásica todo es de este color?  “La vida de un bailarín de ballet no es de color de rosa”, dicen, y esto lo confirma el maestro de los maestros, Víctor Ullate, bailarín, coreógrafo y director de la escuela que lleva su nombre y que ha dedicado toda su vida a este arte.

El ballet tiene su origen a finales del siglo XV en Francia. Su traducción al latín significa “bailar”, pero para algunos es más que una simple danza. Un bailarín profesional dedica un promedio de ocho horas diarias a preparar su cuerpo por lo que la dedicación, la entrega y la fortaleza mental son la base de esta profesión. Sin embargo, “el virtuosismo hay que aprenderlo a una edad temprana”, confirma Carmen Roche,  directora de Scaena, Centro de Artes Escénicas y primer y único conservatorio privado de Madrid. Además de ser artistas, delgados y flexibles, se pueden considerar atletas y deportistas de primer nivel.

Víctor Ullate, una de las personas más prestigiosas a la hora de inculcar a su ballet una personalidad propia, afirma que es fundamental lo mismo que en cualquier deporte de élite tener un buen entrenador.

“María de Ávila me enseñó muy bien a bailar y yo luego volé con mis alas por el mundo entero. Gracias a ella nunca hice el ridículo en ninguna escuela del mundo. La gente siempre se admiraba de lo que yo hacía y eso me lo enseñó ella”, explica Carmen Roche quien entre una treintena de cuadros, fotografías y reconocimientos se emociona al recordar a quien fue su primera profesora, destacando que tener un buen maestro es casi un éxito asegurado.

De la vocación surge la autodisciplina y así lo confirma Trinidad Artiguez, bailarina consagrada en el mundo del espectáculo y actual profesora de la escuela de danza y artes escénicas Labella & Artiguez (L&A), que considera que para tener una buena técnica, cuidar del físico, el sentido del movimiento y otorgarlo de personalidad primero es necesario las ganas de luchar, una gran concentración, tesón y oído musical.

El hecho de que el físico sea ideal no hace al gran bailarín, pero para bailar con las menores lesiones posibles y siguiendo los patrones estéticos más demandados existen unos parámetros anatómicos y características indispensables desde el punto de vista bio-mecánico y así lo explica Ricardo Casal, médico especializado en traumatología de la danza en la clínica El Viso.

El bailarín se debe a su cuerpo

De abajo a arriba, se recomienda tener un pie cuadrado, flexión plantar, tibias curvadas, rodillas híper-extendidas, y una coxa no excesivamente ante-versa.  Trinidad Artiguez, quien tiene una larga carrera en el mundo de la danza como primera bailarina de las Compañías de Rafael Aguilar, José Granero, Antonio Márquez y Carmen Cortés, explica que para tener buen eje en la punta, una buena elevación de la pierna (de más de 90º), controlar las piruetas y los saltos, el bailarín clásico se debe para y por su cuerpo.

Por ello, para que éste funcione en las largas sesiones de trabajo, Ricardo Casal recomienda como clave de un calentamiento previo alcanzar el “heart right” o, lo que es lo mismo, una frecuencia cardiaca adecuada para llevar sangre a los tejidos. A pesar de que la danza pueda considerarse un medio de comunicación muy rígido, lo cierto es que la mayoría de los bailarines confirman que se baila como se es.

“Una buena línea de un bailarín es como un trazo en la pintura”. Así es como define Carmen Roche lo que debe ser un elemento inherente a todo aquel que quiera dedicarse al ballet clásico o también considerado un deporte de riesgo, pues existe una agresión tremenda y constante. Por ello son temidas lesiones tan frecuentes como la artritis metatarso falángica de las articulaciones, o el impingement posterior de tobillo, que se trata de una lesión quirúrgica exclusiva del bailarín de las que el doctor Casal opera entre 10 y 15 casos al año.

A pesar de que los los bailarines españoles son el único gremio que todavía emigra para ganarse la vida no cabe duda que el mayor triunfo y recompensa que puede tener cualquier persona dedicada al arte es su público, y quizás sea el principal y único motivo por el que los bailarines siguen viendo su vida de color rosa.

About Laura Jiménez

Licenciada en Periodismo y Comunicación y Gestión de Moda en el Centro Universitario Villanueva @Laurissima_JR