El Parque Juan Carlos I cumple 20 años

Una de las esculturas más conocidas del parque

Situado al noroeste de la capital y con una extensión de 160 hectáreas, el Parque Juan Carlos I se construyó para ser una de las puertas de bienvenida a Madrid. Con este ambicioso proyecto se consiguió recuperar un entorno degradado y conservar el centenario Olivar de Hinojosa. Ahora está de aniversario: el próximo 7 de mayo se cumplen 20 años desde que los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía inauguraran este parque.

Si por algo es conocido el Campo de las Naciones es porque, sobre él, el cielo es de colores. Son muchas las cometas que sobrevuelan por encima de las explanadas de césped, exclusivas para aquellos que quieran dar rienda suelta a su imaginación y a sus deseos de volar.

Una apuesta por la bicicleta

Otra de las actividades que reúne a más gente en este parque es montar en bicicleta. El Campo de las Naciones cuenta con un circuito para estos vehículos desde su inauguración y, desde hace cuatro años, existe el servicio gratuito de préstamos de bicicletas, ya que Madrid no quiso quedarse atrás en relación a otras ciudades europeas en este campo.

Y más propuestas. Las Sendas Botánicas que adornan el parque enlazan un recorrido por las cuatro estaciones. El paseo que lleva al viandante por el inverno está potenciado por agua y sus reflejos en las diferentes plantas que hay alrededor. Coníferas al norte y fresnos al sur rodean una pequeña fuente impidiendo que entre el viento. Junto a la fuente, el protagonista también es un sauce, que luce sus elegantes ramas bajo el sol.

Hace 20 años también se celebraba que Madrid había sido nombrada “Capital Europea de la Cultura”. Precisamente tres cipreses dan la bienvenida a una de las Sendas de las Tres Culturas, representando cada uno de ellos a la cultura cristiana, hebrea y musulmana.

Esculturas para todos los gustos

Al otro lado se encuentra el Árbol de la vida. Se trata un monolito de hormigón que encamina hacia el jardín islámico, representación de la quinta esencia del Paraíso y que está rodeado por cuatro grandes árboles. En su interior se juega con las alturas y los escalones y la riqueza de la vegetación, ya que intercala árboles frutales con plantas aromáticas. Se trata de un lugar de perfección y armonía donde confluyen el hombre y la naturaleza, y el agua aparece como un elemento vital. De una fuente emana el agua, que trascurre por varias acequias hasta llegar y calmarse en dos tranquilas albercas.

Pero no todo en el Campo de las Naciones son plantas y árboles. La Senda de las Esculturas nos lleva hasta uno de los monumentos más populares. Es conocido como el “Donut”, pero su nombre real es ‘Espacio Méjico’. Es la figura más vistosa de todo el parque.

A modo de pirámide precolombiana y basándose en la historia ancestral, se presenta de forma circular como el sol. Con dos rampas a los lados, los más curiosos pueden subir hasta ella para contemplar desde allí todo el parque y, también, para sentirse insignificante ante aquella majestuosa rueda roja de ocho metros de alto y tres de ancho.

De la Estufa Fría a la Fuente Cibernética

El Auditorio y la Estufa Fría son otras de las instalaciones que se pueden visitar en el Campo de las Naciones. Animales del Pleistoceno, fósiles, meteoritos y distintos vegetales se encuentran en la Estufa Fría.

Y desde el Auditorio, con capacidad para 9.000 espectadores, en las noches de verano se puede contemplar la Fuente Cibernética, un montaje que tiene como núcleo una fuente de más de 300 surtidores. Al agua se unen la música, los fuegos artificiales y las imágenes y luces creadas por las diferentes iluminaciones.

Y si lo que se quiere es tener una visión de conjunto, un tren turístico rodea prácticamente todo el recinto y enseña a los visitantes todos los rincones que guardan estos 20 años de vida en el Parque Juan Carlos I.

About Alma Gómez

Estudiante de 5º de Periodismo