Bosco Gutiérrez: 257 días para encontrar la libertad

Bosco Gutiérrez durante la presentación del libro
Resultaría difícil recordar nueve meses de cautiverio contados veinte años después. Pero gracias a las cartas que iba escribiendo Bosco Gutiérrez y que cada quince días le retiraban sus secuestradores ha podido ver la luz este libro. José Pedro Manglano, capellán del Centro Universitario Villanueva y autor de la obra 257 días (Planeta), ha querido recoger esta increíble historia e incluso realizar junto al secuestrado el mismo trayecto que tuvo que hacer para escapar de su zulo de tres metros cuadrados.
Secuestrado en 1990, este arquitecto mexicano tenía 33 años, una esposa y siete hijos que de la noche a la mañana no sabían que había pasado con él. “Delegación Anticorrupción”, gritaban sus secuestradores cuando retenían a Bosco Gutiérrez alrededor de las 8 de la mañana cuando salía de misa.

Fue el momento de miedo extremo, una situación traumática cuando le introdujeron en el coche, le despojaron de toda la ropa, y le pusieron una música atronadora para bloquear su oído. No era algo normal ya que es esta época, dice Bosco Gutiérrez, no eran comunes los secuestros en México.

Desde el primer momento esperaba el rescate, sabiendo que el motivo de su cautiverio era el dinero de su padre. Al segundo día lo buscaron en la morgue, al tercero salió la noticia de su desaparición, y al cuarto conocieron que se encontraba retenido.

Nunca fue más “libre” que durante el secuestro

Bosco Gutiérrez se dio cuenta de que su celda estaba acondicionada para mantener a un rehén vivo, por lo que se marcó, como buen corredor de maratones que era, un secuestro de 42 días, como si de kilómetros se tratase. Bloqueó la muerte, no pensaba en ello, y a partir de ese momento necesitaba salir reforzado de esa situación, se lo debía a todos los que le esperaban fuera. Nunca fue más libre que durante el secuestro, se trataba de la libertad del mundo interior, dice Bosco Gutiérrez.

Para empezar las negociaciones le pedían información sobre su mujer, sus hijos, las rutinas que realizaban… y si se negaba a hablar le decían que las negociaciones irían más lentas. Este fue el momento más duro del secuestro, donde Bosco Gutiérrez se dedicó a morir, como el mismo dice.

Fueron unos momentos de angustia que supo llevar con entereza y con el apoyo que encontró en la Biblia. En esos momentos se preguntó si era creyente o no, a lo cual contestó que sí, y tal confirmación de fe le hizo levantarse y tomar fuerzas para que saliera reforzado. “Detrás de todo lo que te pasa hay un bien, Dios quiere lo mejor para ti, no le discutas”, afirma el arquitecto.

Abrió la puerta con un muelle que había fabricado

Durante sus nueve meses de secuestro nunca pensó en escapar, aunque inventó un objeto con los muelles de la cama con el que abrir la puerta. Después de muchas negociaciones donde eran sus hermanos los encargados de hablar con los secuestradores, se canceló la operación tras meses de idas y venidas a Madrid, Buenos Aires, Brasil y Chile. Pero pocos días después el secuestrado consiguió abrir la puerta con el muelle que él mismo fabricó y escapó.

10 años tuvieron que pasar para que el arquitecto contara su historia públicamente, una conferencia que le resultó más dura que los nueves meses de encierro. Y otros diez años han tenido que pasar para que se  publique este libro con su historia. No es fácil enfrentarse a la realidad y compartir una vivencia tan dura, pero para él 257 días no es un manual del secuestrado, sino una guía para vivir mejor.

About Blanca Cañizares

Estudiante de 5º de Periodismo @blancanizares