Mohamed: 30 años de pincel y taburete

Mohamed lleva más de 30 años haciendo caricaturas en la Plaza Mayor

Como cada tarde, Mohamed se prepara para acudir a su puesto de trabajo. Coge sus lienzos, sus pinturas y su taburete y, sin más preámbulos, se dirige a la Plaza Mayor. Allí ya le esperan otros compañeros que, al igual que él, se ganan la vida haciendo caricaturas y retratos a los paseantes y turistas que circulan por el centro de la capital. “Comencé a trabajar aquí a principios de los años 80. Llegué desde Marruecos no con la idea de encontrar un trabajo, sino con la intención de acabar mis estudios de Bellas Artes”, explica el dibujante.

Sin embargo, el paso del tiempo ha hecho que finalmente Mohamed encuentre en la pintura una manera de ganarse la vida. Y es que aún recuerda su primer retrato como si lo hubiese dibujado ayer: “Al llegar a España empecé a comprar El País, en cuyo dominical vi un artículo sobre el pintor Dalí. Al ver una fotografía del artista, decidí probar qué tal se me daría el retrato. Cogí una hoja, la puse sobre un tablero y en una hora ya había terminado el trabajo. Me gustó tanto cómo había quedado que lo colgué en la pared de mi habitación y me quedé horas contemplándolo. Fue así cuando pensé en dedicarme a esto”, asegura.

Tras esta primera experiencia, Mohamed decidió atreverse también con las caricaturas: “Cuando estudiaba Bellas Artes iba a la Facultad por las mañanas y viajaba en metro, pero cuando volvía a casa, ya por la tarde, hacía el camino andando. Día tras día veía a varios dibujantes trabajando por aquí y, aunque al principio no me interesaba mucho por ellos, un día decidí bajar un rato a imitarles. Solía bajar 2 o 3 horas, porque no lo tomaba como trabajo. Mis planes eran otros. Yo llegué con objetivos de artista pero luego resultó que, a veces, se podía vivir bien de esto”, añade el caricaturista.

“Lo peor es no tener un salario fijo”

Al igual que cualquier otra ocupación, este “trabajador de caras” asegura que el modo que tiene de ganarse la vida tiene sus ventajas y sus inconvenientes: “Lo peor es no tener un salario fijo y el tiempo, especialmente en invierno. Uno tiene que salir a la calle por necesidad pero a veces lo pasa mal. En cuanto a lo mejor, sin lugar a dudas, es la libertad de horarios”, afirma.

Junto a la flexibilidad de su jornada laboral, Mohamed también encuentra otras muchas ventajas a su trabajo, como los distintos compañeros con los que convive día tras día: “Aquí vienen muchos aficionados pero también licenciados, estudiantes de Bellas Artes o personas que, incluso, están preparando su doctorado. Hay mucho artista en el anonimato. También te encuentras con muchos charlatanes, gente a la que le gusta conversar con los que trabajamos aquí. Una vez que le das un poco de conversación, ya  nos convertimos en su pasatiempo. Somos como un crucigrama para ellos”, comenta este pintor a quien, entre carboncillos y acuarelas,  se le puede encontrar todas las tardes en este rincón de la Plaza Mayor.

About Victoria Gallardo

Estudiante de 5º de Periodismo

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