“Tenemos el mejor trabajo del mundo: hacer reír”

Félix y Deidiam en el Paseo de la Castellana

Dos diábolos de colores que, incansables, surcan los cielos de Madrid para luego aterrizar en caída libre sobre unas cuerdas firmemente manejadas desde el asfalto. Este es el espectáculo con el que cada día Félix y Deidiam obsequian a su público.

Un semáforo, un parque o cualquier otro espacio al aire libre pueden convertirse en el escenario improvisado de estos dos malabaristas llegados a nuestro país desde Sudamérica con un mismo deseo: hacer reír a la gente.

“Sería una hipocresía decir que no estamos buscando dinero, pero no es lo único que perseguimos”, asegura Félix, que comenzó sus estudios en Artes Escénicas en Argentina. “Aquí, en Madrid, la gente no va al teatro, prefiere irse de cañas. Tenemos lamentablemente un problema cultural, más ahora con la excusa de la crisis, que no deja de ser un pretexto, ya que hay cientos de ofertas culturales gratuitas. Por eso nos gusta entretener a la gente en la calle, porque es algo diferente. Yo tengo otras opciones de ganarme la vida y ésta es la que más me gusta, porque es la manera más directa de llegar al público”, añade.

Su compañero Deidiam, que actualmente completa su formación artística con un máster en Historia del Drama impartido por la Universidad de Alcalá de Henares, no podría estar más de acuerdo con él: “En Brasil, mi país de origen, yo podría  trabajar como actor, como monologuista o, incluso, dando clases. Pero el arte que a mí me gusta es más social. Es cierto que, como cualquier otra persona, necesitamos dinero para sobrevivir, pero lo que de verdad me gusta es hacer reír a las personas, que es el mejor trabajo del mundo. Los dos trabajamos en la calle haciendo malabares y después pasamos la gorra, pero nuestro espectáculo es gratuito. Trabajamos con una fibra diferente y actuamos conforme a lo que recibimos, por eso es muy importante sentir la energía del público”, asegura el malabarista.

El espectáculo debe continuar, y la risa también        

Tal y como explica el brasileño, la vida de un artista callejero está repleta de altibajos, por lo que la alegría y la ilusión son dos de los requisitos que jamás debe perder: “nuestro mundo funciona en círculos. Para entender la vida de un artista callejero de ahora hay que mirar al pasado. Esto es algo que nunca cambia. Habrá veces en las que encontraremos  más suerte, más dinero o más oportunidades que otras, pero una vez que empiezas a trabajar en lo que de verdad te gusta, no lo puedes dejar. Estamos en continuo aprendizaje y eso, al final, acaba formando parte de nosotros”, añade Deidiam.

Y es que ambos artistas coinciden en cuál es la mejor recompensa que pueden obtener en su oficio: “se nos podrá caer constantemente el diábolo, podremos meter la pata cientos de veces, pero lo que importa es cómo nos los tomamos nosotros y el público. Al fin y al cabo somos payasos. Mientras la gente ría, merecerá la pena”, explica Félix.

About Victoria Gallardo

Estudiante de 5º de Periodismo