El drama de entrar en España por la puerta de atrás

Jarmil Cervenka en la calle Príncipe de Vergara

Jarmil Cervenka vino a España por el clima. Pero un incidente cambió los planes por completo. Es de la República Checa, tiene 63 años y su apariencia contradice la vida que lleva. Se dedica a pedir dinero en la misma calle, donde siempre se le encuentra. No entiende casi el español, lo que hace que se multipliquen las dificultades. Quiere expresarse, pero le cuesta mucho. Asegura, por la situación en la que se encuentra, que no trabaja. “Vine a España hace un año, me robaron y he denunciado a la policía”, explica.

A Jarmil le robaron en el metro de Barajas. Llevaba encima 600€ en efectivo, la tarjeta y todos los documentos que avalan su legalidad. Ahora no puede hacer nada. “Me robaron cuatro personas que describí ante la policía”. No sabe muy bien lo que quiere, está confuso. “Estoy en contacto con la embajada para ver si me pueden ofrecer asilo”, explica.

La inmigración extranjera en España ha sido uno de los fenómenos más interesantes a todos los niveles desde hace décadas. Cada año que pasa, este sector ha ido creciendo en el país hasta formar un total de 1.647.001 residentes legales. De esa cifra un 34.7% son ciudadanos de la Unión Europea. El total de inmigrantes ilegales ronda el millón. El fenómeno de la globalización económica, de la internacionalización de los medios de comunicación, los desequilibrios y desigualdades en el bienestar material son factores que explicarían en parte esta tendencia.

Hace unos años el Gobierno español regulaba las condiciones de entrada al país a ciudadanos que perteneciesen a la Unión Europea haciendo del sistema una complicación. Sin embargo, este año el Ejecutivo modificó el artículo 4.2 de la Constitución para permitir el acceso, la libre circulación, estancia, residencia y trabajo de cualquier ciudadano europeo. La posesión de la tarjeta de visado de entrada es lo único necesario para instalarse en el país. No obstante, Jarmil carece de ella porque se la robaron y no puede hacer nada más que esperar qué le dice la policía y la embajada de su país.

Una de las características más peculiares de la inmigración es la diversidad extranjera. Sólo una parte de la misma proviene de países del llamado “Tercer Mundo”. En España la mayoría de los extranjeros ha procedido de países del “Primer Mundo” y no sólo se da en personas de edad laboral.

Fundaciones que dan trabajo a los inmigrantes más necesitados

R. G. trabaja en la fundación Senara desde 2006. Esta fundación se dedica a promover iniciativas de carácter social tanto en España como en el extranjero. Gran parte de su labor se centra en la inmigración y su inserción laboral. Sabe de las condiciones de los inmigrantes y de sus necesidades. “Tratamos a alrededor de 1000 mujeres inmigrantes al año, ocho al día”, explica.

A la fundación llegan personas con un perfil de entre 30 y 50 años con un nivel de estudio medio-bajo, como mucho con el bachillerato realizado, con una situación económica muy precaria, muchas veces con hijos a su cargo. Suelen ser madres solteras o personas a las que su pareja o marido les ha abandonado y que necesitan trabajo inmediatamente. Los que vienen son en su mayoría de América Latina y de los países de Europa del Este”, asegura.

Legalizada e insertada laboralmente en el país

Carmen M. es empleada de hogar y tiene 45 años. Es de la República Dominicana. Entró en España porque le pareció que era el país donde más fácil entrar como inmigrante. “Me pusieron muchas más dificultades en la frontera que aquí en España”, recuerda.

Entró ilegal primero por Francia, donde estuvo tres días detenida porque no tenía visado. Allí pidió asilo pero no se lo dieron. Después consiguió pasar a España y quedarse en Pamplona una noche. Al día siguiente cogió un autobús hasta Avenida de América. “No quería quedarme en Pamplona porque no conocía a nadie, me vine a Madrid para quedarme en casa de mi primo”, señala. Más tarde consiguió trabajo y se vio en la necesidad de abandonar la casa de su primo para instalarse en otra.

Carmen emigró de su país por el denominado proceso de feminización, elemento clave de la situación mundial. Este proceso refleja la cantidad de migraciones producidas por las mujeres que ponen en marcha la cadena migratoria a la que posteriormente se incorporarán los hombres. Es un producto tanto de los esfuerzos de las mujeres por ganar autonomía como una consecuencia de las necesidades del mercado de trabajo.

About Yolanda Langdon

Periodista/Journalist @YolandaLangdon

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