Una ola de cambio en el mundo árabe

Hace un año un hombre se quemó a lo bonzo en Sidi Bouzid, Túnez, como oposición a  las condiciones en las que vivía, lo que provocó una ola de protestas y cambios que han recorrido todo el mundo árabe.

Hace un año las redes sociales demostraron su verdadero poder extendiendo la revolución y tendiendo puentes entre distintos pueblos con un mismo objetivo. Hace un año, también, el miedo de la gente hacia sus gobernantes se ahogó en una marea de protestas y libertad que aún hoy perdura.

Esto aún no ha terminado, probablemente ni siquiera haya empezado del todo, pero un año después podemos mirar con un poco más de perspectiva todo lo acontecido.

Solo una calma aparente

A pesar de que a excepción de Siria (y en las últimas fechas Egipto) hay una aparente calma, lo cierto es que el conflicto no ha hecho más que empezar. Como afirma Luz Gómez García, experta de “El País”, el llamado “islamismo moderado” no es más que otro escollo para una democracia pura en los países árabes. “Un islamismo que ha encontrado, salvo en el caso de Túnez, puntos de intersección y mutuo entendimiento, a menudo poco visibles, con los regímenes que la calle intenta derrocar”, añade.

Estos “escollos” religiosos también se traducen en conflictos entre distitnas “etnias” o “tribus” como en el caso de Libia, donde a pesar del fin de la guerra y de la caída de Gadafi ahora las distintas tribus rivales se disputan el control de un país desolado.

El caso de los sirios es el más difícil. Como afirma la corresponsal de “El País”, Ángeles Espinosa, el principal problema es que la gente no se encuentra totalmente a favor o en contra de la revolución, y los que si que se encuentran en contra del régimen temen una fractura de la unión étnica y confesional de Siria.

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About Jorge Saul Rodriguez

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