El Mercado de San Miguel: el secreto está en la calidad

En pleno centro de Madrid y a pocos metros de la Plaza Mayor, un grupo de turistas liderados por un guía atienden a la explicación mientras observan aquéllo que ha captado su atención. No se trata de un monumento ni de una calle famosa. Tampoco de un parque, una plaza, un palacio o un edificio emblemático. Es algo que aparentemente parece  simple pero que esconde en su interior tales encantos que se ha convertido en parada obligada para todo el que venga a visitar la capital española. Se trata del Mercado de San Miguel.

Con más de 100 años de historia, el mercado es hoy una referencia gastronómica en Madrid. Ya en sus orígenes, allá por 1806, cuando todavía llevaba a cabo su actividad al aire libre, concedía a sus clientes la posibilidad de comer allí mismo. Tradición que se conserva hoy en día aunque con algunas innovaciones. Pasado y presente comparten el mismo fondo, aunque distan bastante en la forma.

35 puestos dan vida a este céntrico mercado. Cada uno ofrece productos muy diferentes: fruta, pescado, marisco, tapas o incuso elementos de cocina de lo más original. Sin embargo a pesar de la diversidad, todos coinciden en que la calidad es el factor común a todos, y que en ella reside su éxito.

Un éxito posible, en gran medida, a los miles de turistas que visitan cada año este recinto. A los clientes habituales se suman personas de todo el mundo que se sumergen en el mundo del tapeo español y que, tras haberlo experimentado, se plantean ya la posibilidad de volver. Australianos, chinos, italianos… todos tienen algo que decir sobre el mercado. Y nada de lo que dicen es malo.

Más ocio que comercio

Muchos de los tenderos de los diferentes puestos están de acuerdo en la idea de que San migeul se ha convertido más en un lugar de ocio, y que se ha dejado a un lado el concepto tradicional de compra-venta de productos.

“Desde las 9 de la mañana que abre hasta las doce de la noche está lleno, y sobre todo los fines de semana”, comenta uno de los comerciantes del puesta de pinchos más concurrido. “La gente viene a cenar y a tomar copas, se ha convertido en un “teatro y se está perdiendo un poco la esencial principal de lo que es esto”, señala otro. Aun así, dicen, la crisis alli no se ha nota, y en parte es debido a esta actividad nocturna y de ocio.

(Con información de Sofía Paramio)

About Paloma Ruiz Vicos

Estudiante de 3º de Periodismo