“Si bebes no conduzcas”

Un alcoholímetro en un control de la Policía

“Un lugar frío, gris y húmedo”, estos eran los adjetivos que empleó M.P para describir los calabozos de Marbella. Ni mucho menos estaba en sus planes acabar aquella madrugada del veinte de agosto entre rejas, pero un comportamiento irresponsable truncó lo que podía haber sido una noche como otra cualquiera.

La DGT se dedica, por activa y por pasiva, a fomentar el uso responsable de los vehículos, pero no es suficiente. El índice de accidentes se sigue incrementando, incluso en ocasiones llegan a ser mortales al tener una tasa de alcohol por encima de lo permitido.

La publicidad no cesa en insistir en el propósito de impedir que esto siga pasando, sobretodo en campañas dirigidas a los jóvenes. Uno de los más conocidos fue el consejo que dio Stevie Wonder, el hombre que se hizo popular por cantar en 1984 “I just called to say i love you”, que con solamente cuatro palabras dejó claro su mensaje: “si bebes no conduzcas”.

M.P  es un joven madrileño de 20 años que pensaba que este tipo de incidentes  solo ocurrían en las películas.  Todo ocurrió una noche como cualquier otra en la localidad de Marbella. M.P salió de la discoteca en estado de embriaguez y aun así no dudó en coger el coche. Poco trayecto le quedaba para llegar a su casa, pero al intentar tomar la última salida  se encontró con un control de alcoholemia. “El alcohol me hizo creer que podría darme a la fuga”, explica. Así, metió reversa y se incorporó a la carretera por la misma salida que hacía escasos segundos había tomado. “Fui muy inconsciente, pero en ese momento creía que lo conseguiría –confiesa M.P- casi provoco un accidente con un camión que tuvo que frenar bruscamente por mi culpa”.

A continuación, empezó la persecución por las calles de Marbella. El joven confesó que  durante la huida alcanzó los 180km/h cuando la velocidad máxima permitida era de 90km/h, ya que se encontraba en una autovía. La misión de M.P fracasó: “Quince minutos más tarde me cerraron el paso obligándome, seguidamente, a bajarme del coche a punta de pistola”, explica el joven. La guardia urbana explicó en el posterior juicio que esto se debió a que ellos no sabían a lo que se enfrentaban. Finalmente fue detenido y llevado al calabozo.

Como bien dice M.P, “por suerte no tuve ningún accidente”, pero esta suerte no siempre se tiene. Hay que tener en cuenta las fatales consecuencias que puede acarrear conducir bajo los efectos del alcohol. Normalmente, a la hora de coger el coche la gente no es consciente de que su vida no es la única que está en juego.

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About Claudia Ortiz-Tallo León

Alumno de 3º de Periodismo