“Te cuentan su vida y tú les das un muérdago”

La Plaza Mayor no es solo un mercado en el que se intercambian objetos por dinero. También se intercambian experiencias humanas, sensaciones y sentimientos, deseos. Vivencias, recuerdos e ilusión, se cuentan los problemas.

María está sentada en su puesto de árboles navideños, muérdagos, musgo y decoraciones “naturales” para el belén, en el mismo sitio en el que lo hicieron su madre y su abuela. Cuarenta y cinco años atrás, su familia empezó a ofrecer sus productos en esta emblemática plaza. Comerciantes ambulantes de toda la vida, durante el resto del año siempre se han dedicado a la venta de flores, bisutería y todo aquello que han podido.

Un trabajo con tradición

Cuv3 le pregunta cuántos años lleva acudiendo a esta plaza y ella, mientras intenta encender una estufa para paliar el frío de estas fechas, contesta entre orgullosa y abrumada que “desde que la plaza es plaza”. Queda claro que su familia, a lo largo de generaciones, se ha dedicado a este duro negocio y que ésta vez le toca a ella. A sus treinta y pico años éste ya es, por lo menos, el vigésimo año que cuelga muérdagos en su tenderete esperando que la gente venga a comprarlos.

¿De dónde los sacan?, preguntamos. Explica que todos los artículos expuestos en su tenderete (abetos, musgo, muérdago…) son comprados en vivero, y con sonrisa pícara confiesa que alguna que otra “plantita” ha llegado a la plaza directa de donde la madre naturaleza la quiso poner.

Como bien es de esperar, en esta entrevista hubo un hueco para la tan sonada crisis por la que pasa España, y María cuenta apenada que este año se está notando especialmente. “Mucho más que el año pasado”, comentó.“¡A ver si salimos ya de esta!”.

En cuanto al tipo de gente que se acerca a su negocio, su respuesta es que de todo tipo, desde gente muy mayor a gente muy joven. En cuanto a los turistas, ellos se acercan más que nada a mirar, porque claro, “con eso de que lo tienen que meter en el avión” nadie quiere llevarse un abeto de navidad en la maleta. “¡Imagínate la que les pueden liar en el aeropuerto!”, afirma.

Entre tanto pasa un grupo de mujeres con un gran espíritu navideño. Cantan villancicos y recorren los tenderetes con alegría y sin preocuparse por lo que pensarán los transeúntes. ¿Vienen habitualmente? Para ellas es tradición,  se divierten, reponen las figuras del belén que se han ido rompiendo a lo largo de los años, hablan con la gente, animan la plaza y pasan un buen rato entre amigas antes de ir a sus clases de sevillanas, a las cuales nos invitan a asistir. Tras demostrar lo aprendido en esas clases a petición de cuv3, bajo la atenta mirada de la gente y los objetivos de las cámaras de los turistas, Carmen y sus amigas continúan su camino. “¡Feliz Navidad!”.

Un muérdago, un pensamiento

Pero sin duda, lo que más llamó la atención de cuv3 fue lo que contó después. Ella pasa todo el día en la plaza, sentada en su puesto, lista para obsequiar con un artículo navideño a cualquiera que esté dispuesto a pagar por él. Pero no es sólo eso.

Resulta que el artículo más vendido es siempre el muérdago, la planta de la navidad, del beso y de la suerte. La tradición (fuera uno u otro su origen) es utilizarla para presidir en las casas las fiestas de Navidad y Año Nuevo, por lo general colgándola del techo. Se considera que trae buena suerte y, además, se popularizó la costumbre de que el chico que sorprendía a una chica bajo el muérdago podía besarla. Si el beso se producía en Nochebuena, la mujer besada encontraba el amor buscado o conservaba el que ya tenía. Si el beso se producía entre una pareja, ésta era obsequiada con el don de la fertilidad.

Con esto, María dice que a pesar de la crisis y la mala situación, hay una cosa de la plaza que enriquece. Y es que allí “no solo se intercambia dinero por plantas”. En ese lugar tan famoso como milenario, van a parar tanto los ahorros navideños como los problemas, sentimientos, deseos e ilusiones de la navidad.

“A ver si esto me da suerte porque vaya racha llevo” reproduce María entre risas. “A ver si esta navidad toca la lotería”, “ya puede ser cierto lo del muérdago porque como no se me case ya la niña…” Estas son las frases que la tendera escucha cada día mientras hace su trabajo. Hasta tal punto que a aprendido a reconocer, de algún modo, cómo es cada persona, cómo se siente.

“Creo que a veces no vienen buscando la planta, sino las esperanzas que depositan en ellas, es curioso”. De esta manera, se establece un mercado de segundo plano que no tiene nada que ver con lo económico.  Es un mercado que nunca entrará en crisis, porque es absolutamente inherente al ser humano. El mercado de las ilusiones, de los deseos, de los anhelos, que tan a flor de piel se presentan en estas fechas del año. Un muérdago a cambio de un problema o un deseo. María no sólo vuelve a casa con los frutos económicos de su labor, también con un montón de pensamientos en alto y deseos profundos de todo aquel que le da, todavía, un especial significado a la navidad, último periodo del año antes del borrón y la cuenta nueva. En definitiva, es toda una experiencia a nivel humano.

About Alejandra Santos

Alumno de 4º de Periodismo y Edición en Medios Digitales en el Centro Universitario Villanueva