90 menús completos al día para los más necesitados

Trabajadora del comedor social repartiendo bolsas de comida

Son las 13:30h de la tarde. La mesa ya está lista, la comida recién hecha y preparada para servir. Cada uno tiene su función. Unos reparten agua, otros comida y fruta. Pero todos ellos reciben a cambio algo mucho mejor, una amplia sonrisa y un GRACIAS con mayúsculas.

Estamos hablando de los comedores sociales. Cuv3 se ha desplazado hasta el Comedor social Santa María Josefa, en las inmediaciones del puente de Vallecas, para ver cómo es el día a día allí. Lo primero que encuentra el visitante al llegar son dos filas de gente en distintas puertas. La hermana Ascensión, responsable de este proyecto, lo explica.

Una de las hileras de personas, que prácticamente rodea la calle Encarnación González, está formada por familias que llegan con sus bolsas vacías y esperan su turno para que los sacos sean provistos de alimentos  y poder llenar su nevera otro día más. La otra fila se trata de un comedor para ‘los sin techo’, donde “damos de comer a 180 personas en 2 turnos”, afirma la religiosa.

90 familias al día a los comedores sociales

Cuando construyeron este comedor social hace once años, no imaginaban la gran labor que desempeñarían años más tarde con motivo de la crisis. “Antes venían 1 o 2 familias a la semana, ahora vienen 90 diarias”, asegura la madre Ascensión.

Agustín lleva tiempo trayendo su bolsa a este lugar. “Trabajo sólo los fines de semana y con 30 euros que me da la chatarra no puedo dejar de venir”, asegura. Aquí son todo caras conocidas para ellos, y día tras día acuden a su cita como si de ir a hacer la compra se tratase.

Sin embargo, para Agustín no es todo tan bonito. “Hay mucho indio”, afirma refiriéndose a personas que vienen sin necesitarlo. “Si yo cobrase 1.000 euros al mes dejaría mi puesto a otro, pero no puedo”, asegura.

Daria, de 31 años, es otra de las muchas personas que aguarda su turno. Ella viene de parte de Cáritas de la Iglesia San Ramón. “Les conté mi situación y me mandaron aquí”, dice la joven.

Decenas de personas esperan su turno a las puertas del comedor social Sta. Mª Josefa

Todas estas personas tienen algo en común: están en paro. Unos con hasta 5 miembros en su familia, y todos ellos sin trabajo, como es el caso de Arantxa, otra chica que asegura no poder mantener a su familia por la situación tan desesperada que está viviendo en su casa.

La última bolsa con comida ya ha sido repartida. Las familias se van con las manos llenas y un optimismo envidiable. Esta puerta se cierra, pero apenas 5 minutos más tarde se abre la otra, la de los más necesitados, la de  ‘los sin techo’.

Los 20 voluntarios, las siete hermanas y las dos cocineras marchan a toda velocidad hacia el comedor. Ahora, los que antes llenaban bolsas, repartirán agua y los que ponían orden en la fila servirán arroz.

Un menú completo

Todo está listo para recibir a los que llevan horas esperando a tener un sitio en la mesa para comer caliente. El menú es completo: de primero arroz con tomate, de segundo San Jacobo acompañado de ensalada y de postre manzana.

De pronto el comedor se va llenando de gente, ya no parece el mismo. La madre Ascensión se sitúa en el centro de la sala y bendice la comida. Todos se persignan, y acto seguido cogen sus cubiertos y se disponen a comer. Cada mesa recoge a cuatro personas, desconocidas entre sí probablemente, pero no les importa. Observamos un gesto solidario de un hombre hacia su compañero de almuerzo, que le pone su postre en la bandeja. No cabe duda de su buena fe.

Pero este proyecto de ayuda social no sólo abarca el ámbito de la alimentación, también incluye un servicio de ropero. Con él reparten vestimenta a los que la necesitan. “Todos los días la gente nos trae ropa, y nosotras lo que nos traen lo damos”, explica la hermana Ascensión.

Todo esto no sería posible sin la ayuda desinteresada de grupos de gente que hacen donaciones a la asociación. “Este mismo sábado viene un grupo de amigos  ingenieros agrónomos que son los que nos dan garbanzos, patatas,…”,  explica la hermana.

Además, el primer plato que sirven está prácticamente cubierto por el banco de alimentos, que reparte el exceso de comida de las empresas entre las distintas asociaciones benéficas que hay.

A parte de esta ayuda que los voluntarios ofrecen, el Ayuntamiento de Madrid proporciona una pequeña cantidad de dinero al comedor social, pero apenas llega para cubrir los gastos que generan, a pesar de tener sólo 2 nóminas a su cargo, la asistenta y una cocinera. “En 2009 no llegó a los 10.000 euros”, decía la madre Ascensión.

Nochebuena con los más pobres

La ayuda social nunca descansa, y hasta en las fechas más señaladas sirven sus platos. Los días 23 y 24 de diciembre harán su turno normal en las comidas, y por la noche irán a otra asociación situada en Guzmán el Bueno donde celebrarán la Nochebuena con los más desfavorecidos.

Pero esto no es todo, “para el día 4 de enero ya tenemos una lista con todos los niños, cada uno tendrá su juguete”. De esta manera repartirán ilusión una vez más las hermanas de Siervas de Jesús.

About Micaela Madrid

Estudiante de 3º Periodismo