Las figuras del Belén, también de vacas flacas

Algunos de los puestos instalados en la Plaza Mayor (Foto: Victoria Gallardo)
Algunos de los puestos instalados en la Plaza Mayor (Foto: Victoria Gallardo)

Son las seis de la tarde y los primeros curiosos ya comienzan a merodear por el tradicional mercadillo que, con motivo de la llegada de la Navidad, se instala cada año en la Plaza Mayor de Madrid.
Ante las decenas de casetas pasean visitantes de todas las edades. Algunos tan solo revolotean entre los puestos de manera distraída, otros se paran a preguntar el precio de alguna figura, pero son muy pocos los que finalmente se deciden a adquirir un  pastorcillo o una lavandera para su nacimiento. La crisis también ha llegado aquí.

“Antes la gente se podía llevar fácilmente unos 50€ en miniaturas de todo tipo. Hoy es raro ver a alguien que gaste más de 25”, asegura Sonsoles, una de las tenderas que desde hace tres décadas vende pequeños molinos, casitas, castillos y todo tipo de complementos para los nacimientos. Además, la preferencia de los consumidores por materiales más baratos también se está dejando sentir, tal y como explica Yolanda, que ha visto cómo la venta de figuritas de barro ha descendido drásticamente: “Al ser uno de los materiales más caros, la gente ya casi no compra productos hechos de barro cocido, sino que prefiere las piezas elaboradas con materiales de peor calidad pero más baratos. Aunque en Navidad la gente siempre se vuelve un poco loca, este año estamos notando bastante la crisis”, asegura.

Disfraces de Papá Noel, un éxito seguro

Said, otro de los vendedores, lleva casi 20 años al frente de su puesto de adornos y disfraces navideños y, “a pesar de que los disfraces de Papá Noel siempre son un éxito seguro”, también está notando el descenso en las compras: “Nos tiramos todo el día sentados y eso es algo que nunca había pasado. Otros años antes incluso de que hubiéramos terminado de montar el puesto ya teníamos a la gente encima comprando cosas”, se lamenta.

Desde que Juanjo tenía edad para tenerse en pie detrás de un mostrador, este dependiente ha pasado una Navidad tras otra en el puesto de venta de figuritas de su familia, primero ayudando a su abuela y, años más tarde, a su madre: “Aunque el cierre de caja nos produzca cierto temor, cada año venimos aquí con la ilusión renovada”, afirma.

Y es que, a pesar de que las crisis lo esté poniendo difícil, todos estos tenderos siguen un año más al pie del cañón, dispuestos a seguir repartiendo ilusión en forma de figurillas y miniaturas.

About Victoria Gallardo

Estudiante de 5º de Periodismo