Síndrome de Burn Out: depresión con nombre propio

Ansiedad, estrés o insomnio, síntomas del Síndrome Burn Out

¿Sufre crisis de ansiedad? ¿No duerme bien por las noches? ¿Ha perdido la concentración en el trabajo? ¿Está deprimido? Lo más seguro es que sufra el Síndrome de Burn Out.

Freudenberger, psicólogo estadounidense, describió el Burn Out como “la sensación de fracaso y una existencia agotada o gastada que resultaba de una sobrecarga por exigencias de energías, recursos personales o fuerza espiritual del trabajador”.

Bien es verdad que todos nos hemos sentido alguna vez “quemados” con el trabajo, el estudio o cualquier labor que desempeñemos diariamente.

¿Qué causa el Síndrome Burn Out?

Las causas principales de esta enfermedad son, en primer lugar, la personalidad del trabajador y el trabajo que desempeñamos.

No tener la formación adecuada, no ser capaz de pedir ayuda, no poder externalizar las emociones, sumado a los problemas personales, resultan una bomba de relojería para el Síndrome.

Otro factor es el empleo al que el paciente se dedique. ¿Quién no ha sufrido estrés alguna vez? Una reunión urgente, un proyecto importante, un cliente insatisfecho… Son algunas de las situaciones que hacen que el trabajador pierda los nervios o simplemente, se desvanezca.

Trabajadores con predisposición a “estar quemado”

Los sectores en los que es más común el Síndrome de Burn Out son: educación, servicios sociales y sanidad.

El pasado martes, el Instituto de USP Dexeus de Barcelona publicó un informe en el cual se afirma que “el Síndrome del Trabajador Quemado ya afecta a un 30% de médicos y enfermeras”.

Los recortes en personal sanitario, la incertidumbre por su futuro y la responsabilidad que acarrea salvar vidas, hacen que los médicos sean un objetivo claro del Burn Out.

Fases del Síndrome

La enfermedad no llega de un día para otro. Se desarrolla progresivamente en varias fases. Al principio, el trabajo se percibe como algo estimulante. Al trabajador le apetece ir a trabajar, tiene ganas y quiere esforzarse al máximo.

A continuación, surgen las dudas. “¿Merece la pena?” se convierte en la cuestión más repetida. Después llega la frustración, el trabajador se vuelve irritable y de él depende recuperar la ilusión y superar la enfermedad o agravarla.

El cinismo se convierte en protagonista. El enfermo no sabe decir que no y se vuelve apático. Llegados a este punto, los trabajadores suelen pedir baja por depresión.

Por último, se toca fondo.

Tratamiento y prevención: PAR

En 1998 el Insituto Helen Dowling en los Países Bajos, creó el Programa de Investigación sobre la Acción Participativa (PAR), para tratar y evitar enfermedades de carácter psicológico relacionados con el trabajo.

El objetivo del PAR “se centra en estimular a los  clientes para aumentar la percepción de equidad entre las  relaciones laborales: por un  lado, en relación con la organización y los clientes de  los profesionales, y, por otro lado, en relación a la  realidad cotidiana en el trabajo; incrementando el ajuste entre  los objetivos y expectativas de los trabajadores”.

En la mayoría de los casos, el enfermo no es consciente de su situación, por lo que deben ser las personas de su entorno las que detecten el Síndrome y actúen al respecto.

Ya lo dijo Gabriel García Márquez: “No hay medicina que cure lo que no cura la felicidad”.

About Alejandra García Daniel

Alumna de 5º de Periodismo