20-N / La austeridad empieza en los canapés

Gente, fiesta y euforia podrían servir para resumir la noche en la que el Partido Popular consiguió su mejor resultado electoral, pero hubo mucho más. Desde la 8 de la tarde militantes de todas las edades bailaban al ritmo de la canción del verano, “Danza Kuduro”, o de éxitos ochenteros como “Saturday night”. Los periodistas deambulaban entre la multitud en busca de personas peculiares a las que entrevistar. Era fácil encontrarlas, y además estaban encantadas de tener su minuto de gloria alabando a Rajoy y criticando a Zapatero. Los asistentes también se acordaron del derrotado al entonar: “Rubalcaba, el chollo se te acaba“, mientras celebraban: “oa, oa, oa. Mariano a la Moncloa“. Pero no fue una noche de muchos cánticos, se prefería bailar todo lo que sonaba, y no faltó el tema de la campaña: “Alfredo no te creo“.

La noche electoral avanzaba, los escaños iban cayendo del lado del PP, y continuaban llegando votantes que buscaban el mejor sitio entre empujones para ver la esperada salida al balcón, o se aglutinaban en la puerta para cotillear quién iba llegando. En la entrada de la sede del PP se veía a grupos de amigos fumando puros, acompañándolos de alguna copa. Lo más interesante en esa zona era ver cómo el objeto más valorado no eran las bufandas ni banderines con el emblema popular, si no las acreditaciones que permitían entrar a celebrar el triunfo con los políticos.

“Mañana no voy a trabajar”

Y hubo quien obtuvo su premio; en cuanto las encargadas que las custiodaban se despitaron, un chico metió la mano en un cajón,  se colgó una al cuello y entró.  Era fácil encontrarse en los ascensores con Cospedal o Saénz de Santamaría. En las plantas bajas de la sede el ambiente era diferente al de la calle, la euforia estaba contenida. Aunque por los pasillos la gente se felicitaba cuando se cruzaban, muchos abrazos y besos. No se escucharon los vítores de las municipales.  Se desconoce si en la zona noble, donde los líderes del PP vivieron los resultados, la sensación era la misma.

La noche también fue larga para los periodistas, mucho trabajo y muchos datos que contrastar. En la planta baja los redactores de radio grababan sus crónicas, en la segunda las televisiones hacían los directos, y la prensa internacional estaba en un lateral de la entrada. Los recortes van a ser clave en esta legislatura, y en esta ocasión no había camareros llevando el catering de planta en planta a los medios, sino que se optó por un buffet donde los embutidos y las cervezas sustituyeron a los canapés de salmón y copas de champán de otra época.

En la calle había tantas historias como personas. Muchos venían de otras comunidades expresamente para vivir esta jornada en Madrid. Un profesor de Guadalajara contó a cuv3 que había reservado un hotel para poder dormir en la capital, y el lunes había decidido no ir a dar clase para exprimir la noche al máximo. Otros señalaban que el 21 de noviembre les hacía ilusión ir a trabajar porque “con Mariano sé que ayudo a levantar el país, con Zapatero no estaba tan seguro” .

Soraya no pudo saltar

Con la primera aparición de Rajoy a través de la pantalla gigante instalada en la calle, el himno del PP empezó a sonar y fueron muy aplaudidas sus alusiones al sentimiento español. Cuando acabó, los gritos de “¡Presidente, presidente!” indicaban que estaba saliendo la cúpula del partido y su mujer. La organización decidió cambiar el lema que colgaba del balcón a lo largo de la noche, si comenzaron con el eslogan de la campaña “Súmate al cambio”, cuando apareció el futuro presidente de Gobierno se leía “Gracias“. El mismo que en las elecciones  municipales del 22 de Mayo, y se volvieron a repetir los  gritos pidiendo que todos los políticos botaran. Incluso se lo dijeron a Soraya que acaba de ser madre, pero Rajoy le pidió a su masa que tuviesen en consideración que acababa de dar a luz.

Si alguien pensaba que tras la salida al balcón la gente se iba a volver a su casa, estaba equivocado. Hubo música hasta la 1 de la madrugada, y los jóvenes aprovecharon para sacar las botellas de ron y celebrar el triunfo. Los no tan jóvenes sacaron champán, y brindaron con cualquiera que se acercaba, al grito de “Mariano es lo más”.

El alcohol iba haciendo mella, y los chavales buscaban otro sitio donde continuar la fiesta. Mientras, los técnicos desmontaban el balcón para que la calle Génova recuperase la normalidad cuanto antes. Algunos votantes seguían intentando entrar a toda costa en la sede, o esperar a que saliese alguien conocido para poderse llevar una foto de esta noche histórica. Sin embargo, se tuvieron que conformar con unos chicos disfrazados de Aznar y Rajoy, para inmontalizar el momento. No es lo mismo.

(Con información de Victoria Gallardo)

About Laura Galaup

Alumna de 5º de Periodismo