Donde Romeo encontró a Julieta

Balcón de la casa de Julieta en Verona

“¡Oh Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo? Niega a tu padre y rehúsa tu nombre; o, si no quieres, júrame tan sólo que me amas, y dejaré yo de ser una Capuleto”, dijo Julieta desde su balcón. ¿Le suena? En efecto, se trata de una de las obras más importantes de Shakespeare y también de una de las historias de amor más trágicas de todos los tiempos. Sus protagonistas, Romeo y Julieta, o más bien su mítica leyenda, cobran vida en pleno siglo XXI de la mano de miles de enamorados que se acercan cada año una de las ciudades más románticas del mundo (con el permiso de París): Verona.

Situada en el norte de Italia y atravesada por el río Adigio, Verona es una de las ciudades italianas con más encanto y demanda turística. Tal vez sea por la cantidad de monumentos que alberga, como el anfiteatro Arena, la Torre Dei Lamberti o el Castello Castelvecchio. Sin embargo, más del 50% de su atractivo turístico se encuentra en pleno centro de la ciudad (Vía Capello n. 23), concretamente en una casa que, al paso de muchos, pasaría desapercibida si no fuese por la cantidad de turistas que se agolpan a sus puertas. Se trata de la Casa de Julieta.

Según relata Shakespeare en su obra, aquí tuvo lugar una de las historias de amor más trágicas pero a la vez románticas de todos los tiempos, la de Romeo Montesco y Julieta Capuleto, dos enamorados del siglo XIV que tuvieron que pelear contra sus propias familias para conseguir ese amor que tanto ansiaban. Al no contar con la aceptación de éstas, los protagonistas tenían que verse a escondidas y uno de los lugares que fue testigo de estos encuentros fue el balcón de la propia casa de Julieta.

En la entrada de la casa, abarrotada de gente, puede leerse una insignia en lo alto del pórtico de la entrada con el nombre de “Dal Capello”, lo que indica que el caserón perteneció a dicha familia y cuya similitud con “Capuleto” se relaciona con los familiares de Julieta en la obra. Sin embargo, no se sabe a ciencia cierta que la casa haya pertenecido en realidad a la famosa protagonista. De hecho, como dato curioso, el propio balcón fue creado a principios de este siglo para dar más credibilidad a la leyenda.

Pegar chicles, la peor moda de todas

Una de las columnas de la casa decorada con declaraciones de amor

Al entrar en la casa, hay que atravesar un enorme pasillo antes de llegar al patio. En él, las paredes están completamente llenas de papeles y tarjetas de enamorados escritas en todos los idiomas. Algunas solamente recogen los nombres de los miembros de la pareja, pero otras en cambio, verdaderas declaraciones de amor. También, llegados ya al final del pasadizo, se observa cómo una nueva tradición (poco aceptada por cierto por los que controlan el cuidado de la casa) empieza a hacerse cada vez más famosa: pegar chicles, que, una vez secos, serán utilizados con el mismo fin que las tarjetas: manifestar el amor de las parejas. Sin embargo, esta práctica está prohibida y se intenta que cada vez menos gente la lleve a cabo.

Por el contrario, las carteleras son, no solo atractivo turístico para la casa, sino que además el propio Ayuntamiento de Verona se ha planteado el exponerlas en un museo dedicado exclusivamente a ellas. No sería tarea difícil teniendo en cuenta que la cantidad de mensajes que se dejan al año es muy abundante y que son recogidos cada seis meses, coincidiendo una de esas fechas de recogida con el 14 de febrero, día de San Valentín, fecha en la que además, se realizan actividades especiales en la casa. Un detalle lleno de romanticismo y que no pasa desapercibido, pues la película Cartas a Julieta, de Gary Winick, centra su trama en ello.

Al atravesar el pasillo, se llega a al patio principal de la casa, en el que podemos ver el famoso balcón (al que, por cierto se puede subir tras haber hecho un recorrido por el interior de la casa) y una estatua de Julieta bañada en bronce. La escultura, dicen, trae consigo una leyenda, pues, si tocas uno de sus pechos, encontrarás el amor eterno.

Sin embargo, sea o no cierto este mito, o que el balcón haya sido el verdadero testigo de la historia de amor más romántica del mundo o que la casa perteneciese a la familia  Montesco que describe el poeta inglés en su obra, la casa de “Dal Capello” merece ser visitada no solo por lugar en el que se encuentra, sino por la atmósfera en la que envuelve a todo aquel que entra. Y no hace falta creer en el amor…

About Paloma Ruiz Vicos

Estudiante de 3º de Periodismo