Más muertos que vivos

Motas de BretóBienvenido a uno de los 8.114 municipios españoles. Aunque el nombre del pueblo es prescindible, ya que este artículo tiene como fin trasladar al lector a una de tantas poblaciones de España en las que las calles, las gentes y las tradiciones se asemejan a las de cualquier otra. Se trata de Bretó, una pequeña localidad zamorana que cuenta con un censo de 191 habitantes. Como dato curioso, cabe destacar que en el cementerio habitan más residentes que en las casas de la aldea. Para una mejor visualización del lugar, será suficiente con mencionar que la mayoría de sus vías son tan estrechas que difícilmente las consigue atravesar un coche, la iglesia tan antigua que los excrementos de las aves han borrado la inscripción de su fachada, los viandantes tan educados que saludan sin conocerse y las tradiciones… las de toda la vida.

El pueblo amanece con el sonido del “ki-ki-ri-kí”, como cualquier otro día. Es 31 de octubre, fecha en la que en muchos puntos del mundo se celebra Halloween, pero no aquí. No busquen una calabaza a las puertas de una casa porque no la encontrarán. En todo caso, podrán tropezarse con alguna en el huerto de la parte trasera de alguna de las viviendas, pero en éstas, un tamaño desproporcionado sustituye al dibujo de ojos y sonrisa.

Al abrir las ventanas de la casa, un aroma a dulce entra sin presentarse. Olores a crema, nata y chocolate que provienen de la panadería, uno de los comercios más madrugadores de la zona. Fernando, tendero con más de 50 años de experiencia, se asombra ante la pregunta de si está preparando alguna tarta especial para Halloween y responde que “en este pueblo los únicos pasteles que se hacen estos días son los buñuelos de viento, para celebrar el Día de Todos los Santos”.

Tras desayunar en el único bar de la población, donde unos ancianos tertulianos –esto añade alguna pista más sobre la media de edad de los habitantes de esta localidad- discuten sobre fútbol, y no haber escuchado el más mínimo comentario acerca de “la noche de las brujas”, una transeúnte, de camino a misa, contesta con rotundidad al interrogante de si ella o sus nietos piensan jugar a “truco o trato” esa noche:

-Eso para los americanos, los españoles somos más de honrar a nuestros difuntos el 1 de noviembre.

Fin de fiesta

El gallo marca las siete en punto y no hay rastro de resaca fiestera en las frías calles. Tan sólo se encuentran las pistas de algunas flores caídas al suelo de aquellos que peregrinan al cementerio para rendir tributo a sus muertos. Queda patente que no todas las tradiciones americanas invaden cada uno de los rincones del planeta, y que en algunos puntos el único trato que se zanja es el del intercambio de terreno por ganado, esperando que el pacto se cierre sin truco alguno.

About José María Martínez del Hoyo

Alumno de 3º de Periodismo