Los apuros de la sanidad

Año 2008. Llegan a España los primeros síntomas de la crisis económica que, por el momento, afecta solo a un número reducido de países. Países que se consideraban ”desarrollados”, pues contaban con un alto nivel de vida, un PIB elevado, seguridad, educación, sanidad…  y que, en tan solo tres años, han visto cómo su estructura de “Estado del bienestar” se ha ido desmoronando poco a poco.

En  consecuencia, cada uno de estos países ha tenido que adoptar diferentes medidas, basadas sobre todo fomentar el ahorro social. Empieza entonces a hacerse habitual en la vida de los ciudadanos palabras como desempleo, reducción salarial, paro, recortes… Esta última ha tenido especial relevancia estos últimos meses en nuestro país,  fundamentalmente en el ámbito de la educación. Sin embargo, comienza también a hacerse eco dentro del contexto sanitario.

Aunque los recortes aun no se hayan hecho públicos ni estén en activo, sí es cierto que, dentro de los centros, se empiezan a notar ciertos cambios. Lara Docampo, enfermera en prácticas en el Gregorio Marañón y que, en años anteriores, estuvo rotando por seis hospitales distintos de la Comunidad de Madrid, explica a cuv3 cómo ha sido la modificación progresiva en la utilización de materiales y en la forma de trabajar.

“Es necesario más personal. En muchas ocasiones somos menos enfermeras de las que deberíamos para cubrir un número elevado de pacientes de una misma unidad. No damos a vasto”, dice Lara, “es necesaria una organización más exhaustiva que no fomente desniveles en el trabajo”. La falta de plantilla es un hecho, y eso provoca que ciertas unidades se vean sobresaturadas de pacientes y faltas de personal sanitario que los atienda. A pesar de eso, y por meros motivos económicos, la dirección del hospital no contrata nuevos profesionales, en algunos casos por la falta de experiencia (pues prima más la veteranía) y en otros por considerar que con los trabajadores activos en ese momento, llega.

Las bajas en muchos casos no son cubiertas o lo son pasados 21 días, de modo que el trabajo correspondiente, por ejemplo, a dos personas, recae durante ese tiempo de incapacidad temporal  solo en una. Esta ausencia de personal lleva incluso a descuidar al paciente, que, llegado el momento de ser atendido, se encuentra con que no hay sanitarios que puedan hacerlo.

También, íntimamente ligado a la falta de profesionales, está la reducción del material. “No es tanto la falta de medios y materiales sino el cómo administrarlos”, declara otra de las enfermeras en prácticas. “No hay que dejar de invertir en sanidad, es necesario hacerlo, pero se debe concienciar a los médicos, enfermeros y auxiliares sobre cómo racionalizar lo que hay”. Sin embargo, cabe destacar que en algunos hospitales ya se empieza a prescindir de parte del utilitario médico. Por ejemplo, en aquellas unidades en las que las habitaciones tienen tres camas (algo que, a propósito, se considera inhumano, no solo para los pacientes sino también para la forma de trabajar del personal), se quitará una, de forma de quedará una doble, más amplia e higiénica. Pero qué pasa con esa cama y con ese “puesto vacante” que ya no está?  “Los pacientes que no pueden ser atendidos en planta, irán a urgencias, y, como si fuese una pescadilla que se muerde la cola, la sobresaturación se desplazará ahora allí. No habrá personal suficiente y, como siempre, las salas de espera estarán llenas de gente esperando a ser atendidas”.

La situación es complicada, pero ya lo era también antes de que comenzase la crisis. Esto solo es un agravante que pone de manifiesto que la “elogiada y envidiada” sanidad española está actualmente en un estado crítico, tanto para el personal como para los pacientes.

La privatización pone precio a la salud

En los últimos meses se han abierto en Madrid ocho hospitales nuevos, de los cuales la mitad son privados. La presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, ha sido objeto de críticas debido a la implantación de esta medida, pues muchos consideran que la privatización de la sanidad supone una privación de un derecho fundamental de los ciudadanos.

Aunque la sanidad privada ofrece ciertas ventajas para el paciente, lo cierto es que, en comparación, es mucho más rentable (en todos los sentidos) la pública. Si en algo se diferencian sobre todo una de otra es, además de en la financiación, en el uso de materiales y y técnicas especializadas.

Un hospital privado gana la batalla a un público en el cuidado y trato al paciente (mucho más cercano). Sin embargo, carece de aparatos o sistemas más especializados. ¿Por qué? Porque su financiación no es suficiente para comprar más utensilios de los que hay. Por eso, muchas personas recurren a lo privado para cuidados habituales y de poca gravedad.

Sin embargo, la sanidad pública ofrece todo tipo de especialidades y medios para llevarlas a cabo. Por eso, independientemente de lo económica que pueda salir con respecto a la privada, la gente recurre a ella por su calidad en tratamientos. Esto sin embargo provoca también la sobresaturación de pacientes expuesta anteriormente, y que lleva a los ciudadanos a manifestarse a favor de lo público (pidiendo además un aumento de centros).

About Paloma Ruiz Vicos

Estudiante de 3º de Periodismo