La última libra de Will, el escocés perdido por Madrid

Una chica se arregla para una cena familiar. Se monta en su coche, pero no va por el camino de siempre y se desvía para repostar gasolina. El dependiente, que le echa el combustible amablemente, le demuestra que un buen reportaje puede estar agazapado en cualquier esquina, debajo de una priedra o detrás de un surtidor. “Hay un chico escocés haciendo autostop, necesita volver a su casa. El pobre lleva un día aquí, le queda una libra, un bocadillo, y dice que si nadie le recoge dormirá en esos arbustos”.

¿Quién se espera semejante revelación en vez de la típica conversación trivial? La muchacha va a hablar con el chico, que sólo se expresa en inglés (todo aquí está traducido). Le fue fácil decidir qué hacer:

–      Hola, ¿cuántos años tienes?, ¿dónde quieres ir? ¿dónde están tus padres?

–       Tengo 21 años, vengo de Granada y quiero ir lo más al norte posible porque necesito volver a casa. Tengo una libra. Y mis padres están en Escocia.

–       ¿Hace cuándo que no saben de ti?

–       Desde que se me acabó la batería del móvil. Hace cuatro meses.

–       Vente.

Un chico con suerte

El chico sonríe incrédulo y lleva su macuto enorme, su mochila, su saco y unas bolsas, todo sucio y gastado, al coche de ella (por si acaso deja el móvil a mano porque una nunca se fía). La joven llega justa a la cena, así que llama por teléfono y cuenta la historieta: “He recogido un hippie escocés que necesita volver a casa, ¿le llevo a alguna estación o..?”. Afortunadamente, la respuesta fue: “Traélo”.

El muchacho sube, con una cara de “no me creo que esto me esté pasando”, y se encuentra con toda una familia, una mesa puesta, y una casa enorme a una calle de Alcalá. La familia le da una toalla, le dice que se relaje, que se duche (no sólo por él sino por todos) y que se quede a cenar. El chico, que por cierto se llama William, repite de cena, de postres, de fresas, de chocolate y de vino.

¿Hace cuánto que no come? Will está tan agradecido que le da tímidamente a la chica su última libra. Lo más gracioso es su cara, con una sonrisa feliz, una sonrisa con la boca entreabierta, como en sorpresa constante. La sorpresa se la lleva la familia cuando se pone…¡a tocar el piano! Y más aún cuando cuenta su historia.

Ha dormido en ruinas de iglesias, ha pasado un tiempo en Burdeos en una residencia universitaria, le han robado, se ha torcido un tobillo, ha vivido en varias comunas, una en Granada y otra en Las Negras, y ha trabajado en una granja a cambio de alojamiento y algo de comida. Hasta que le “echaron”. Se quedó sin nada y decidió volver a casa.

La familia no sólo decide darle alojamiento para esa noche sino que le dice que se levante cuando quiera, le da un mapa de Madrid y dinero para museos. ¡Ya que está aquí al menos que haga turismo!

 A Will le ha tocado la lotería, a todo responde con un gesto de pulgares para arriba. Visita el museo de El Prado, por la tarde recorre las calles del centro y hasta se toma una cerveza con la chica por La Latina. Todo el mundo debería conocer ese Madrid, no sus gasolineras y sus carreteras.

De vuelta a casa

Esa tarde, cuando Will llega a “casa”, la familia le compra un billete hasta donde quiera. No acepta el viaje entero pagado, pero sí un autobús hasta Irún porque allí hay rutas de camiones que pueden llevarle.

¿De qué vive? Will fabrica sus propios zapatos, los vende en ésta página web, y recauda donaciones para colegios afganos. La chica le da su dirección de mail y le pide que escriba cuando llegue a casa sano y salvo. Aún queda gente que vive de la artesanía, que va por el mundo con todas sus pertenencias a cuestas sin rumbo fijo, y con una sonrisa.

Se va con su ropa limpia, descansado, feliz, con comida, dinero y una historia que no olvidará nunca. Su última libra le dio más suerte que ninguna otra.

 A veces pasan cosas que parecen un cuento

La chica de la historia es esta redactora, que cada vez que pasa por la gasolinera mira bien por si hay un chico sentado y perdido, esperando ser recogido. Y por si algún día, cuando pasen los años, se le empieza a olvidar, tiene guardado un pequeño tesoro para recordárselo siempre: la última libra de Will.

About Laura Velasco

Estudiante de Publicidad, RRPP y Comunicación y Gestión de Moda en la Universidad Villanueva de Madrid