Museo Balenciaga: el milagro del hijo de la costurera

En un pueblecito del País Vasco llamado Getaria, en un entorno privilegiado situado entre el mar y la montaña, se encuentra el Museo Balenciaga, levantado en honor al gran modisto nacido en esta localidad en 1895. Cuando esta redactora acudió allí la única huella que tenía del diseñador eran un par de zapatos en el armario y los recuerdos de haber visto su nombre en prendas y libros. ¿Qué nos encontraríamos allí?

En Getaria las calles están llenas de carteles que anuncian el museo, y no faltan las indicaciones para llegar a él. El edificio es una casa antigua y bonita, el Palacio Aldamar, el lugar donde Balenciaga decidió que la costura sería el oficio de su vida.

Su madre era costurera y frecuentaba el Palacio, antigua residencia de los Marqueses de Torres.  Allí, siendo jovencísimo, tuvo la oportunidad de admirar el deslumbrante guardarropa de los Marqueses, en su mayor parte encargado en Londres y en París, y aprendió a coser. El museo, anexo al palacete, es una maravilla desde el punto de vista arquitectónico y muy luminoso para hacer honor a Balenciaga, al que apodaban “El arquitecto” por su visión geométrica de las formas.

Lo mejor del museo, más allá de una estética muy cuidada y un bello exterior, es que  envuelve al visitante con su coherencia y su falta de artificio innecesario y hace que uno se sumerja en el universo Balenciaga.

Dividida en siete zonas, la exposición comienza con un vídeo sobre su vida en el que, de forma muy amena, se muestran su evolución y la trascendencia de sus diseños (todo ello con testimonios originales subtitulados y música de fondo). El vídeo logra el objetivo de enriquecer y emocionar.

Cambió la silueta de la mujer

Las otras seis áreas son Comienzos, Día, Cóctel, Noche, Novias y Esencial. En cada una de ellas, se exponen trajes del diseñador,  perfeccionista incansable, en su mayoría cedidos por su clientela habitual. Balenciaga cambió la silueta de la mujer con formas antes nunca vistas, marcando un antes y un después y ganando un sinfín de incondicionales seguidoras. Una de ellas, la Condesa Von Bismarck, se encerró tres días en su casa de París cuando Balenciaga se retiró.

La forma en la que se expone cada pieza, iluminada y acompañada de la información pertinente, logra transmitir la relevancia y belleza de sus diseños, entre ellos el famoso primer Baby doll, o el vestido de novia de Fabiola de Mora y Aragón. Resulta un recorrido increíble.

Los piropos de Christian Dior

Christian Dior decía de Cristobal Balenciaga: “La alta costura es como un orquesta cuyo director es Balenciaga. Los demás modistos somos los músicos y seguimos las indicaciones que él nos da. Con los tejidos, nosotros hacemos lo que podemos, Balenciaga hace lo que quiere”.

La editora en 1955 de Harper´s Bazaar, Carmen Snow, aseguró: “Teniendo en cuenta que diseña dos temporadas por delante de los demás, la historia de la moda comienza de nuevo con cada colección de Balenciaga”.

Al finalizar la visita, resulta inevitable volver a varias salas para ver una vez más alguno de sus vestidos. Resulta difícil no soñar con vestirlos. Fue una visita que dejó una semillita de interés por la moda y por Balenciaga;  y ahora, cuando esta redactora ve sus zapatos, sonríe y piensa: quizás algún día.

About Laura Velasco

Estudiante de Publicidad, RRPP y Comunicación y Gestión de Moda en la Universidad Villanueva de Madrid