Dos generaciones de españoles emigrantes

En la década de los 90, el gran crecimiento de la economía española estuvo ligado a un espectacular movimiento migratorio: España se convirtió en un país receptor de inmigrantes. Sin embargo, durante la dictadura de Franco, fueron los españoles como Emilio París los que buscaron oportunidades lejos de nuestras fronteras. Él llegó a Frankfurt en 1970 con tan solo 15 años de la mano de su madre y de su hermana menor. El motivo, según él mismo explica: “Reagrupación familiar. Mi padre se fue a trabajar a Alemania cuando yo era muy pequeño”.

 

La actual crisis económica ha dejado mermado el mercado laboral. Sin embargo, Alemania comienza a mostrar ligeros síntomas de recuperación. Prueba de ello, a principios de este año la canciller, Angela Merkel, en su visita a España, informó a los jóvenes cualificados de numerosas vacantes de empleo en su país. Victoria García, ingeniera técnica aeronáutica, pidió un puesto en el extranjero y en 2001, partió rumbo a Munich.

“Había un puesto en Munich, y sin conocer Alemania me fui allí. Me encanta viajar y vi una oportunidad”, asegura. Después de tres años, volvió a España. “Sabía que la estancia en la capital iba a ser temporal, hasta que saliera otra vacante”, comenta. Y así fue, en 2006 regresó a Alemania, esta vez a Hannover.

“Ni la situación ni las condiciones son las mismas”, aseguran estos dos emigrantes retornados, a los que cuv3 ha reunido en una cafetería de Madrid. La red de transportes en los años setenta era más bien deficitaria. “Fuimos en tren, haciendo escala en Francia, el billete no era barato y te tirabas dos días para llegar”, recuerda Emilio. Al llegar allí se encontró un mundo desconocido: “Pasé de un pueblo manchego a una gran urbe y no entendía nada”. Un gran contraste si lo comparamos con la primera experiencia de Victoria: “Llegué el día del October Fest, no había alojamiento y me tuve que ir a un pueblo a las afueras. Estaba encantada, me parecía toda una aventura”, reconoce entre risas.

Requisitos para emigrar a Alemania

La embajada alemana, por su parte, insiste en que las personas decididas a emigrar estén cualificadas, la oferta se ciñe a determinados sectores como la sanidad, la banca o la ingeniería. Requisitos que cumple a la perfección Victoria García. Comenzó trabajando para ITP, una industria puntera dedicada a motores de aviación. Durante su segunda estancia en Alemania probó suerte en MTU, también dedicada a los motores de aviación. “Tengo mucha suerte de que mi trabajo sea internacional”, confiesa.

Muy distinto es el caso de Emilio, quien no pudo retomar sus estudios en su llegada a Frankfurt y pronto comenzó a trabajar en una lavandería. “No en todos los sitios te cogían con 15 años y sin saber alemán”, añade.  Sin lugar a dudas el idioma juega un papel muy importante en estas situaciones. “En Hanover, en todas las reuniones se hablaba alemán… yo salía con dolores de cabeza”, admite Victoria. Ambos coincidían en cuanto a la complejidad de la lengua, “el alemán técnico no lo aprendes nunca”, aseguran.

El idioma que sí aprendieron con mayor facilidad es el que compartían los españoles y los italianos. “En Munich todos estábamos en la misma situación, siempre había españoles o italianos para quedar y algo que hacer el fin de semana. Pero en Hannover había un ambiente más familiar, yo era la única extranjera”, comenta Vicky.

Emilio pasaba sus días yendo del trabajo a casa y viceversa: “Los fines de semana tenía un grupo de amigos españoles e italianos, hacíamos lo que cualquier joven, ir de discotecas, de cines… Cuando tuve mi familia, el ritmo de vida cambió, empecé a acudir a los centros españoles”.

La eficacia del trabajador alemán

Es de todos conocidas la disciplina y eficacia del pueblo alemán y es algo que Emilio París confirma: “Son muy constantes, hacen su trabajo perfecto”. “No le pidas a una alemán que improvise”, apostilla su interlocutora. Ambos coincidían en la flexibilidad de los españoles frente a la testarudez de los germanos. Pero si en algo dan ejemplo, es en educación y respeto.

“Los alemanes son muy cívicos. Además si haces algo mal siempre hay alguien que te avergüenza públicamente”, comentan mientras recuerdan algunas experiencias vividas: “Un día cruzando un paso de cebra en rojo, una mujer me dijo ¡Vaya ejemplo estás dando a mi hija! Eso se te graba”, añade Vicky.

Retornar de Alemania

La difícil tesitura de cualquier emigrante radica siempre en el momento elegido para retornar, cuando la nostalgia se convierte en deseo. Emilio trató de volver a España para hacer el servicio militar, pero, como él mismo reconocía, “desde que me fui a Alemania mi intención era volver, pero Franco se estaba muriendo y había mucha tensión”.

Fue años más tarde, con la caída del muro de Berlín en 1989, cuando decidió poner fin a su aventura. El cambio en el comportamiento de sus compañeros fue decisivo para tomar la decisión. “Con la caída del muro vi un cambio en la mentalidad alemana, se volvieron más xenófobos. Entonces decidí volverme”, afirma.

Pero los tiempos han cambiado, las travesías ya no son tan largas y la tecnología ha hecho el mundo más pequeño. Victoria García lo tiene claro: “A día de hoy no pienso vivir en España. Las distancias son menores y siempre vas a estar vinculado a tu país”.