Tocar en el metro para llegar a fin de mes

¿Quién no ha pasado alguna vez por el metro de Madrid y ha tenido música de fondo? Un centenar de personas busca cada día una manera de ganarse la vida y de sobrevivir a ella, y tocar en el metro es la única opción que les queda. “Hemos perdido nuestro trabajo y tocar es la manera que tenemos de ganar dinero para llegar a fin de mes”, aseguran Patricio y Fernando, dos ecuatorianos que tras perder su trabajo en la construcción al comienzo de la crisis no vieron otra salida que tocar en el metro, e incluso fabricarse sus propios instrumentos para ahorrar el gasto.

Cada mañana inician una pequeña lucha entre músicos y tratan de llegar los primeros a la estación de Avenida de América para colocarse en una esquina que se encuentra entre los pasillos de la línea 4 y el camino a las líneas 6 y 9. Si ganan esta pequeña batalla pueden quedarse en un sitio fijo durante toda la mañana para tocar música típica de Ecuador con sus flautas de pan fabricadas a mano y un charango, que bien podría ser una guitarra española al más puro estilo ecuatoriano.

Su compatriota, Augusto, aparte de tocar la quena, un instrumento de viento fabricado con cañas de bambú, vende discos originales comprados a un productor por un precio de 10 euros. “Cuando hay suerte se venden uno o dos discos, y es un buen día”, afirma.

Al seguir caminando con rumbo fijo al destino final, aparecen más espacios ocupados por personas, en la mayoría de los casos hombres, que madrugan para buscar su lugar de trabajo. En Plaza de Castilla está Basil, un búlgaro de 30 años que llega a primera hora de la mañana para tocar el acordeón con un altavoz de fondo que le sirve de acompañante. Pasa cada día alrededor de ocho y diez horas tocando para llevar algo de dinero a su mujer y a sus hijas pequeñas, aunque la mayoría de los días no llega al mínimo necesario para pagar un alquiler, la comida y la educación de las pequeñas.

Esa mañana de invierno, después de cuatro horas de trabajo, sólo había logrado aproximadamente unos ocho euros, pero su sonrisa no desapareció en ningún instante y sus ojos de cansancio acumulado se mantenían atentos a cada llegada del metro para dedicar cada nota a cada pasajero que camina con paso rápido y que apenas le prestan atención.

La única mujer que se atreve con el difícil público del metro es Zhelka Dimitrova, que después de cinco años tocando en la estación de Tribunal ha decidido pasarse a Avenida de América porque estaba cansada de recibir insultos por parte de varios usuarios que pasaban diariamente. “Todos los días me llamaban borracha o me empujaban, incluso han intentado tirarme por las escaleras”, aseguró Zhelka con un gesto de tristeza al recordar esos momentos y por los que decidió cambiarse.

Ahora se “protege” con una estampa de la Virgen María y una “medida de la Virgen del Pilar” de color verde. No toca ningún instrumento, canta con su micrófono dorado acompañada de un altavoz que aumenta la base de la música búlgara que esa tarde apenas le ha dado beneficios.

“Yo no tocaba por necesidad” -cuenta Roberto- “empecé con mi violín en el metro porque me gusta”. Fue violinista profesional en la orquesta sinfónica en Ecuador y decidió venir a España para buscar un trabajo mejor que no llegó, por lo que lleva tres años dedicados completamente a sobrevivir de su música después de los nueve que estuvo tocando por placer.

Gracias a las horas que dedica diariamente y a madrugar para encontrar un sitio privilegiado en Príncipe de Vergara, ha logrado hacerse conocido entre los usuarios del metro, y eso le ha ayudado tanto que ha encontrado un pequeño sueldo extra dando clases particulares al hijo de una señora a la que alegraba los momentos de sueño de camino al trabajo.

Varía mucho de estación porque no quiere agobiar y estar siempre en el mismo sitio, “me gusta que circulen otros músicos”, afirma. Las estaciones más concurridas son Plaza de Castilla, Tribunal, Príncipe de Vergara, Goya y Avenida de América, pero muchos aseguran que Diego de León o Canal también son buenas alternativas para buscarse un hueco.

El Metro de Madrid es la octava red de metro por kilómetros del mundo, cuenta con doce líneas convencionales que se van ampliando, como acaba de suceder con la línea 12,  que en el mes de octubre ha llegado hasta la estación de La Fortuna. Junto con las líneas de Metro Ligero hacen una suma que supera las 300 estaciones. Estaciones que cuesta imaginar vacías y sin música que amenice los trasbordos o las entradas y salidas para los pasajeros que no se evaden en la música de su mp3, ipod o teléfono móvil.