¿Qué hacemos con los locos?

La actual crisis económica golpea más que nunca a los más desfavorecidos. El llamado “estado del bienestar” no llega en nuestros días para cubrir las necesidades de los “enfermos mentales”. La falta de centros o instituciones, sobre todo públicas, que regulan la vida de estos enfermos mal llamados locos, es un obstáculo para atender a miles de personas que en nuestro país sufren este tipo de patologías.

El problema de estas personas se remonta muchos años atrás. De la adoración que se sentía en la cultura griega por ellos, con los años se pasó a la persecución despiadada de los mismos. Tampoco las religiones de distintas civilizaciones fueron piadosas con ellos. En ese momento, se crearon los llamados manicomios, unas casas que solo consiguieron quitarles de en medio para que la sociedad estuviera más tranquila. La mala fama de los llamados manicomios (una especie de cárceles), hizo que pronto se cambiara el nombre por el de hospitales psiquiátricos.

Lo que la gente llama enfermedad mental como tal no existe. Lo que hay son conductas, conductas anormales. Enfermedades son cosas como el cáncer y la hipertensión, por ejemplo. El enfermo mental, quizás sea el único paciente que no pide ayuda para ser tratado, sino que es sometido bajo criterio médico a la administración de drogas que tranquilizan su conducta.

Como me ha afirmadola psicóloga Irene Álvarez: “El entorno de estos enfermos vive con miedo. Los casos que cuentan los periódicos sobrecogen a la población. Como no hay bastantes instituciones para que esas personas estén bien atendidas, les pasan el problema a las familias, y eso conduce a veces a que ocurran cosas no deseables. No todos los enfermos mentales son agresivos, pero la verdad es que cuando nos empieza a fallar la cabeza, es imprevisible lo que esa persona puede llegar a hacer”.

El tratamiento de los enfermos mentales tiene planteamientos bien dispares en función de que esa persona sea tratada por un psicólogo o un psiquiatra. El primero se basa en la terapia, a diferencia del segundo, que lo hace en la administración de fármacos.

No nos debemos preocupar por el que se pone un gorrito de papel y se cree Napoleón, sino por los que guardan una actitud silente altamente nociva para el resto.

Para Carlos Langelaan, médico psiquiatra, “la mayoría de pacientes son esquizofrénicos que no creen estar locos, por eso no se toman medicación. ¿Quién vigila a estos enfermos? Los hospitales psiquiátricos se han sustituido en muchos casos por los llamados hospitales de día. Una solución no completa porque el paciente no está avalorado durante las horas de la noche”.

En la sociedad americana, lo vemos en muchas películas, es normal acudir a un psicólogo o psiquiatra cuando nuestra capacidad mental no es capaz de solucionar los problemas que se presentan. En España, sin embargo, la gente se resiste par no ser tachado de loco.

La sociedad se siente amenazada por la cantidad de delitos que cometen hoy en dia pacientes mentales no controlados.

About Patricia Gómez Tortosa

alumna 3 periodismo