“¡No puedo dejar de mirar mi Blackberry!”

Pásame tu código BB, pings, luces rojas. ¡Tengo un nuevo comentario! ¿Lo hablamos por el chat? Un segundo, contesto, miro el Tuenti y estoy contigo… Estas frases que hace unos años sonarían raras, a día de hoy son las que más se pueden escuchar en miles de jóvenes o adultos por culpa de un pequeño aparato que ha revolucionado el mercado de la comunicación llamado Blackberry, y que a día de hoy descansa en los bolsos o bolsillos de cada vez más gente en todo el mundo.

Los motivos del boom que ha supuesto el innovador teléfono móvil son bien conocidos por todos: la conexión ininterrumpida a Internet, con todo lo que ello supone. Gracias a ella, se puede mirar el correo, conectarse a cualquier red social o simplemente bucear en Internet en cualquier parte del mundo y sin necesidad de una red Wifi.

Además, el aparato incluye un chat cerrado para los usuarios que tengan la Blackberry y que se transmite a través de un código con el que se puede hablar gratuitamente con cualquier persona, lo que ha supuesto un alivio económico para muchos jóvenes. “Yo antes me gastaba mucho dinero llamando o mandando mensajes. Ahora gracias al chat de mi Blackberry puedo hablar con mis amigos por aquí y no me gasto ni un duro”, admite una de sus usuarias, Patricia Gómez.

Al parecer todo son ventajas. A las ya citadas mejoras económicas se les une la posibilidad de seguir trabajando desde casa o incluso desde cualquier restaurante o cafetería, contestando a cualquier correo electrónico o manteniéndose siempre informados a través de la red. Sin embargo, esto no está tan claro como parece.

A pesar de ser una magnífica herramienta con la que puedes estar todo el día conectado, ya sea para asuntos de trabajo, mirar Internet o hablar con tus amigos, ése es su principal defecto, por la enorme dependencia y adicción que crea, llegando a ser casi enfermizo. “Cuando la lucecita roja se enciende o suena, tengo una tremenda necesidad de ver qué me han escrito y tengo que dejar lo que estaba haciendo sea lo que sea para mirarlo”, aclara Virginia Miner. “Si no lo hago, no me lo puedo quitar de la cabeza hasta que lo vea”, añade.

Es tan serio el asunto que el aparato ha comenzado a conocerse popularmente como Crackberry, como un guiño directo a esa variante altamente adictiva de la cocaína. A día de hoy se puede ver a muchas personas que en cualquier situación, ya sea en una cena romántica, en una reunión de negocios o simplemente caminando, están con este teléfono en la mano totalmente inmersos en esa pequeña pantalla y tecleando sin parar como si les fuese la vida en ello. “No puedo vivir sin mi Blackberry. La adoro”, dice Ana Muñoz. “Me ha aportado muchísimas facilidades”, agrega.

En una encuesta  publicada en 2007 por America Online realizada a 4000 estadounidenses mayores de 18 años, un 41% de los encuestados afirmaba que lo primero que hacían al levantarse era comprobar el correo electrónico. Si esto era así hace tres años, imaginemos cómo puede ser el problema a día de hoy.

Además, la adicción a la Blackberry puede traer muchos problemas en el trabajo porque la gente cada vez tiene más tentación de echar un vistazo al Facebook, Tuenti o su correo electrónico y esto baja el nivel de concentración y se convierte en una distracción para cualquier trabajador. Un estudio de Yahoo publicado en mayo 2009 afirmaba que un tercio de los 5.300 trabajadores preguntados aseguraron que con frecuencia revisan su correo en reuniones de trabajo.

Esto no se queda simplemente en el mundo del ocio. Personas como Madonna afirman dormir con su Blackberry bajo la almohada y Nelly Furtado, después de caer en una broma del canal MTV, en la que unos policías le requisaron su bolso porque decían que tenía una bomba, no dudó en pedirles poder rescatar una cosa: su Blackberry.

About Carlos Ferrer-Bonsoms

Alumno de 3º de Periodismo