… a la noche inolvidable en el refugio azulgrana

¡Goooooooooooooooooool! Hasta cinco veces se pudo escuchar esta palabra en la peña barcelonista de Móstoles. Los aficionados subidos a mesas y sillas festejaban el baño que su equipo le estaba dando al Real Madrid pidiendo una cerveza tras otra. Los blaugranas se dejaron la garganta durante los 90 minutos de partido animando a sus jugadores, increpando al equipo contrario y silbando al árbitro como si se encontrasen en el mismo Camp Nou.

De hecho, si no fuera por el tamaño del local, se podría confundir con el estadio del Barça, puesto que la decoración y el ambiente en que se vivía el partido eran similares al que se vive en la capital catalana. Las paredes estaban repletas de banderas y bufandas, y no había ninguna persona que no llevase la camiseta de su jugador favorito. Algunos, incluso, hacían sonar sus vuvucelas.

No hubo ni un solo minuto de silencio, y los locutores que retrasmitían el partido apenas se escuchaban por los altavoces, porque eran tapados por los gritos, aplausos y canticos de los aficionados culés.

Con la euforia del partido, al entrenador José Mourinho le silbaban, cada vez que salían en pantalla jugadores como Cristiano Ronaldo, se le increpaba con gritos de ¡Ese portugués que hijo p… es! Y cuando el partido estaba a punto de concluir Sergio Ramos hizo un gesto antideportivo y los seguidores amagaron con tirar su bebida contra la pantalla.

En la cafetería sorprende que hubiera aficionados madridistas viendo el clásico en otra televisión con sus camisetas y banderas blancas. El respeto y la deportividad imperaban entre ambas aficiones rivales pese al abultado resultad. No hubo un mal gesto, ni un insulto, incluso había risas y bromas entre ellos.

Se antojaba una noche triste para Madrid, pero no para todos, ya que en Móstoles hay una peña camuflada de cafetería en la que siempre se alegrarán de triunfos como este.

(Con información de Rafael Aguilar)

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Alumno 3º Periodismo

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