Un “médico” de cuatro patas

caballoLa Fundación Caballo Amigo pertenece al Club Hípico “San Luis”, situado en la localidad madrileña de Villafranca del Castillo.  Este patronato fundado en 1998 por la directora Mercedes Jiménez Horwitz se dedica a utilizar al caballo como herramienta terapéutica y socializadora dirigida a todas aquellas personas  con algún tipo de discapacidad o minusvalía y que no pueden acceder a la equitación como deporte.

La hipoterapia, empleada ya desde los años 50-60 con una serie de ventajas conocidas desde tiempo atrás, es una de las actividades que se realizan en este club hípico. Hipócrates, en la Grecia antigua, ya aconsejaba la práctica de la equitación para mejorar el estado anímico y más tarde, en el siglo XIX, se utilizó para contrarrestar los efectos de la gota.

Del griego “Hippos” (caballo), la hipoterapia es una alternativa que aprovecha los movimientos del caballo para tratar diferentes tipos de afecciones. El objetivo que aspiran alcanzar los guías es el logro de la máxima autonomía de todas las personas que participan a nivel paciente y usuario, receptores de las terapias.  

El movimiento tridimensional del caballo constituye un tratamiento  junto con la respuesta de aquellos niños que no pueden ejercer una acción directa sobre el animal. Por tanto, puede ser considerado un tratamiento médico aunque no del todo rehabilitador.  Olivia, guía de las sesiones de hipoterapia, explica que “depende de la premisa con la que venga cada persona podremos hablar de rehabilitación o no, en los casos de esclerosis múltiple se realizan trabajos de mantenimiento o estimulación”.

Ir a caballo al paso provoca en el cuerpo, sobre todo en el raquis los mismos estímulos que provocaría ir andando.  Esto se traduce en una serie de beneficios físicos tanto en el aumento de función pulmonar, aumento de circulación o incluso problemas de estreñimiento. “La hipoterapia al movilizar los órganos normaliza la función orgánica de todo el cuerpo así como el estado emocional”, explica la guía.

Una terapia ocupacional requiere una consulta médica y la elección del caballo adecuado para cada paciente. Un equipo de profesores de la Universidad Complutense de Madrid colabora con la fundación para darle el visto bueno y comunicar a neurólogos o pediatras del tratamiento  para tenerlo en cuenta en las futuras valoraciones.

Olivia apunta que existe un problema que no todo el mundo sabe y comenta que “los niños de síndrome de Down son muy laxos de articulaciones. Por eso siempre pedimos a los padres antes de empezar con nosotros además de todos los documentos e informes previos nos aporten una radiografía cervical”.

Las cualidades fundamentales a la hora de la selección del caballo son principalmente dos: el carácter del animal y un tipo de paso amplio y estimulante. Éstos deben variar en función del jinete. Galleta y Rocky  tienen un papel de “médicos”. Las cualidades que traen “de casa”  son óptimas para el tratamiento, tanto por su ritmo carenciado como por la variabilidad de su  paso,  siendo una motivación añadida para los niños.

La colocación del paciente en el lomo del animal también es muy importante. El punto idóneo es un poquito retrasado después de la cruz del caballo. “Hay que alinear el centro de gravedad del cuerpo humano con el del caballo”, concluye la guía.

About Laura Jiménez

Licenciada en Periodismo y Comunicación y Gestión de Moda en el Centro Universitario Villanueva @Laurissima_JR