La otra cara de la moneda pirata

Aunque parece que toda la historia de los piratas somalíes ha pasado de moda después de lo del Alakrana, lo cierto es que sigue siendo un problema que está muy presente, y que aún tiene para largo. Estos corsarios del siglo XXI se dedican a capturar barcos pesqueros de todos los países (excepto Kenia y Somalia) y pedir un rescate por ellos al Gobierno que convenga. La difícil solución viene dada porque en Somalia no hay un gobierno central que pueda controlarlo. No se pueden justificar sus acciones, porque no son justificables. Pero sí se puede mostrar la otra cara de esta moneda.

Para entenderlo tenemos que remontarnos a finales de los 80, cuando las costas de Kenia y Somalia son algunas de las aguas más ricas para la pesca en todo el mundo. Los países desarrollados aprovechaban el descontrol político de estos estados para pescar de forma ilegal en aguas que no les pertenecen. Sin embargo tras la guerra civil somalí a principios de los 90 se formó la llamada “Guardia costera voluntaria de Somalia”, que más tarde desembocaría en piratería. Dichos actos han ido ascendiendo de frecuencia hasta llegar a un nivel máximo de actividad en 2005.

Antes de 2005 los pescadores nativos apenas ganaban 6 euros al día, y los barcos extranjeros se llevaban más del 90% del pescado. En países tan empobrecidos como son los de la costa africana su desarrollo depende en gran medida de este sector y la prueba de ello es el crecimiento que han experimentado desde entonces. Los pescadores keniatas y somalíes en 2009 han llegado a ganar hasta 50 veces más, con un sueldo medio que ronda los 180 euros diarios. Además, la pesca deportiva ha experimentado su mejor momento en casi 40 años.

Pero ya no solo estamos hablando de un tema comercial. La destrucción sobre los caladeros keniatas ha sido devastadora. Si hubiera seguido la captura de camarones y atunes al mismo nivel varios años habrían quedado totalmente desolados.

About Jorge Saul Rodriguez

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