Un bar de okupas a las puertas del cementerio

Cuatro y media de la tarde, Cementerio de la Almudena, Madrid. Allí no sólo habitan centenares de muertos, que en paz descansen, sino también un grupo de okupas que hace dos años decidió asentarse en las proximidades del cementerio. Sí, así es, este colectivo decidió ocupar, nunca mejor dicho, un edificio abandonado que antiguamente utilizaban los empleados del cementerio. Según cuentan algunos vecinos de la zona y los guardias de seguridad del cementerio, este grupo llegó hace dos años a la Almudena, sin dar explicación alguna de por qué allí, simplemente se instalaron. Tal es así que comenzaron a fabricarse un hogar en el que vivir con habitaciones, baños, un escenario, y por supuesto, un timbre para poder acceder a la “casa okupa”, así conocida entre los empleados del cementerio.

Incluso tienen un escenario para las actividades culturales que ofrecen, una cuerda que cae desde la ventana superior del edificio por donde tiran las llaves para que otro de los inquilinos pueda entrar a su casa, que para algo es suya; y para más inri, una barra improvisada donde preparan las copas que les piden sus vecinos “los latinos”.

Que ¿quiénes son los latinos? Son unas 100 personas que se reúnen los fines de semana a las puertas del cementerio para disfrutar de una velada en compañía de sus “amigos”. Aparcan sus coches a las puertas del cementerio y ponen la música “a todo volumen”, dice uno de los guardias. Es tal el ruido que hacen que hasta a los muertos despertarían. Hablando en plata, se reúnen para hacer el “mega-botellón”. No sólo hacen botellón, sino que también integran en la fiesta a los vecinos, a los okupas.

Cada sábado y domingo por la mañana los empleados del cementerio se encuentran su lugar de trabajo repleto de residuos, litronas de cerveza, vasos de plástico y las bolsas de los hielos. Los guardias de seguridad reconocen que la Guardia Civil ha intentado en repetidas ocasiones tomar medidas al respecto pero la historia se repite cada fin de semana, así que han decidido no intentarlo más, porque total, a los muertos precisamente no les va a preocupar.

¿Puede que la casa okupa llegue a convertirse en un bar? Eso lo sabremos con el tiempo y, de momento, no van mal encaminados.

Por el día, sin embargo, nada se sabe de ellos. “No han dado guerra”, afirma uno de los guardias de seguridad. “Yo paso por aquí todos los días y no veo a nadie, sólo una luz dentro del edificio, por las noches”, asegura una mujer.

El inmueble, de aspecto antiguo, que podría ser patrimonio de la Almudena por su belleza, cuenta con cuatro plantas que dan para mucho. A la entrada del edificio los okupas colocaron un cartel que dice “Para entrar ¡llama aquí!”, pero debe ser cierto aquello de que por el día se van. Una mujer que pasea por los alrededores se detiene frente a la puerta de la casa para ver si hay alguien que la reciba, pero nada. Si quiere saber de ellos, tendrá que venir por la noche.

About Marta Candela

Estudiante de 5º de Periodismo en el Centro Universitario Villanueva (Complutense). Twitter: @MCandela_ / E-mail: mcandelam@gmail.com