«Cada uno hace con su cariño lo que quiere»

El día de Todos los Santos se acerca y son muchos los madrileños que visitan a sus seres queridos en el Cementerio de la Almudena. “Yo vengo antes para que no haya lío”, cuenta Carmen, cuyo marido falleció hace un par de años. Según el personal de seguridad del cementerio, en los 25 años que llevan trabajando allí, “alguna que otra vez hemos tenido que cerrar las puertas de acceso a los coches”.

El Cementerio de la Almudena, en Madrid, cuenta con una superficie de 120 hectáreas por lo que se puede, y se debe, acceder a muchos de los sepulcros en coche. Algunos de los caminos, ya asfaltados, son estrechos y el paso de los vehículos es complicado. Cuando se acumula tanta gente en un mismo sitio “se rompen muchas lápidas”. Desconsiderados todos.

Pero, ¿se ha convertido el Día de Todos los Santos en un movimiento masivo o sigue siendo una costumbre religiosa? ¿Por qué la gran mayoría sólo visita a sus familiares y amigos el 1 de noviembre? “A los difuntos hay que recordarles todos los días”, dice María. Ella asiste prácticamente todas las semanas a cambiar las flores de su hijo y de su marido. “Nunca vengo el Día de los Santos, a mí me gusta estar tranquila”, insiste.

José María, miembro del dispositivo de seguridad, coincide con María, ya que “hay gente que viene todos los días, o casi todos. Yo creo que piensan que les deben algo”. Pedro, su compañero, detalla que “algunos piensan que ahora tienen que darles lo que en su día no supieron”. Debido a la numerosa cantidad de gente que asiste al cementerio el día 1 de noviembre, es muy difícil controlar lo que ocurre. “Tenemos que estar con mil ojos”, admiten.

La semana previa no sólo aumentan las medidas de seguridad sino que también suben los precios de las flores. “He comprado dos ramos de 12 claveles y me han cobrado 42 euros,” se queja indignado Alfonso, “yo calculaba que me iba a salir por 30 euros, como otras veces”. Si nos asomamos a la puerta principal del Cementerio de la Almudena podemos ver numerosos puestos de flores. ¿Supone esto un abuso o es simplemente hacer negocio? En tiempos de crisis, es sobrevivir un día más.

“Es todo mucho de cabeza”, dice Pedro con respecto a las leyendas y el terror que provocan los cementerios por la noche. “No hay que tener miedo, sólo respeto”, añade.

Pero no sólo la religión católica entierra a sus muertos. En enero de 2004 se encontraron varias tumbas abiertas y casi una veintena de nichos rotos. Al principio se pensó que podía ser obra de jóvenes vandalistas pero la colocación de los huesos en una posición determinada empezó a abrir otras hipótesis. ¿Ritos satánicos? “Sí, nosotros nos hemos encontrado a gente haciendo cosas muy raras. En seguida llamamos a la policía”, afirma José María.

No se ven únicamente ritos satánicos, sino también ceremonias propias de la cultura oriental y latinoamericana. “Les dejan monedas y comida”, cuenta José María. Pero, ¿por qué monedas? Según las creencias griegas, los muertos necesitaban de esas monedas para dárselas a Caronte y así poder atravesar la Laguna Estigia para llegar a su destino final: el descanso o el sufrimiento eterno. Demasiado imaginativo. Aunque como dijo Alfonso, aquel anciano de los claveles, “cada uno hace con su cariño lo que quiere”.

El problema surge cuando bandas callejeras se aprovechan de la buena fe de los creyentes y roban desde las monedas hasta los adornos de bronce que se colocan en nichos y tumbas. “¿Te acuerdas del caso de El Harry?”, se preguntan entre sí José María y Pedro. Este sujeto amenazaba a drogadictos, yonkis en el lenguaje de la calle, para que robaran lo que encontraran y luego repartirse el botín.

Pero no todo es muerte, sin más, en el Cementerio de la Almudena. Podemos admirar el monumento a los Caídos de la División Azul, el de las Trece Rosas o los de “La Faraona” Lola Flores y su hijo Antonio.

About Alejandra García Daniel

Alumna de 5º de Periodismo