Ali o el final de la Alemania multicultural

Ali tiene 55 años. Hace 25 que vive en Munich. Vino desde Turquía al calor de la oferta de trabajo que había en este país. Tiene un taller de reparaciones de automóviles, y ha criado a su familia, cinco hijos, y educado, por lo menos intentado, en las leyes del Islam. Es un firme creyente y practicante. Uno de sus hijos, el mayor, no le está saliendo como él hubiera querido, se está occidentalizando, no es fiel cumplidor de los preceptos de Mahoma.

Esta situación le tiene muy preocupado. Por un lado, está viendo que la sociedad da más oportunidades a quien se occidentaliza, y por otro lado, teme que su hijo se separe para siempre. Otros compatriotas le dicen que al final el chaval rectificará, pero que él debe ser duro, enérgico y exigente.

Estos días está totalmente confuso. En el ambiente desordenado que se ha creado desde el pasado fin de semana en Alemania, las opiniones están llevando a la desintegración. ¿ Su origen? La imprecisión política allá en los 60 cuando se fomentó la llegada de inmigrantes al país para incorporarse al mundo laboral, como es el caso de Ali.

La multiculturalidad, pensaba Ali, es un activo para este país pero, tras las palabras de la canciller Angela Merkel, recibió un gran palo. Multiculturalismo es el término acuñado cuando ésta respondía ante las juventudes de su partido (Unión Demócrata Cristiana, CDU) a las palabras del jefe de Estado, Christian Wulff ,“ el Islam forma parte de nuestro país”.

Hablando del significado, multiculturalismo designa la coexistencia y cohesión social de diferentes culturas en el seno de un país. Ahora se replantea este término. La población alemana cuenta con muchos judíos, cristianos y musulmanes y lo que se pretende evitar es la existencia de guetos, que como bien sabemos, ya se han originado en países tales como Francia.

Fracaso es el complemento que todos los inmigrantes (aproximadamente tres millones de musulmanes, en su mayoría de procedencia turca) han escuchado repetidamente. ¿Qué sucede? La imprecisión política nombrada anteriormente no se refiere a la falta de medidas sino, mejor dicho, a la deficiencia de impulso a la reciprocidad. El deseo alemán por constituir un país de diferentes culturas supone aceptación de unos y otros en la mayoría de los aspectos generales (religión, lengua, en resumen, cultura).

¿Qué pasará? ¿Cuál será la mejor decisión para su familia?. Esa es la duda que corroe a Ali. Él quiere ser fiel creyente y buen alemán, ¿Cómo se hará? ¿Cómo ayudará a su hijo?. La relación que se puede entablar en el asunto baila entre los intereses políticos por los votos electorales, la posible entrada de Ankara en la UE y el fomento de la integración de los alemanes que viajan cada verano a la costa turca. Se pide, entre otras cosas, la cooperación de unos con otros.

Ahora, llega un conato de optimismo para Ali, para seguir luchando con su hijo, ante la cita de Wulff al presidente turco Abdullah Güll, abogando ambos por “la integración y el aumento de la cooperación entre ambos países”. La integración se basa básicamente en dos aspectos, uno llegar al país y dos, adaptarse. El segundo plano ha quedado relegado al self-service, valga la comparación.  Y no sólo ha ocurrido en Alemania.

La cuestión no se basa en traer al presente los ideales nacionalsocialistas ni la xenofobia, ni ninguna posición discriminatoria hacia los miembros del país ya sean de antecedentes judíos, cristianos o musulmanes. Se refiere a una toma de poder por parte de la canciller con el fin de hacer ver que hay que tomar parte del asunto: el desarrollo del país. Por esto mismo, se ha exigido, entre otros, la adopción del alemán como requisito de bienvenida.

Esa reflexión es la que ocupa los días de Ali, o mejor dicho, sus días y sus noches.

About María Gómez

Alumna 5º de Periodismo @MariquiGomez