Gran Vía: eres mi rincón favorito de Madrid

Si en realidad decir rincón es referirse a un lugar pequeño o apartado, hablar de Gran Vía supone todo lo contrario.  El primer recuerdo que tengo de esta gran calle se remonta a hace cinco años, cuando Madrid era todavía la peor cuidad del mundo, cuando lo último que se me pasaba por la cabeza era venirme a vivir aquí.

Todo cambió hace pocos meses, en el momento en el que volví a pisarla de nuevo. Noté cómo me daba la bienvenida sin rencor hacia mí por todo lo que he dicho de ella. Me abrió sus brazos y, siendo forastera, me integró.

Hasta el día de hoy. Lo intento, pero no puedo. Pretender equiparar a mi ciudad con Madrid es una locura. La Coruña es pequeña. Muchos la llaman el balcón del Atlántico. Tal vez por sus cerca de 10 kilómetros de paseo marítimo. O tal vez por la hospitalidad de su gente, por su clima tan peculiar, por ese olor a sal que dejan las olas cuando rompen contra la costa, por su color gris en invierno o por su cielo azul en verano.

Es una ciudad que enamora y ante la que una coruñesa como yo no puede sentir más que un orgullo inmenso. Sin embargo, no puedo negar que deseaba irme de allí, notaba que se me quedaba pequeña. Y es cuando, pensando en mi futuro, decido venirme a Madrid. Grande. Calles llenas de gente, miles de buses, el metro, diferentes zonas que todavía no conocía … tenía que aprender tantas cosas para poder acostumbrarme bien que no fueron pocas las veces que me pregunté a mí misma si debía volver a mi amada y pequeña ciudad gallega.

Sin embargo, algo me hizo cambiar, algo me hizo ver que no todo era tan malo. Cada tarde, todavía con un mapa en la mano, me aventuraba a descubrir nuevos lugares de esta gran desconocida para mí y, olvidando mis miedos, me subía al bus 133 y me dejaba llevar. Tras casi 15 minutos de viaje por la M-30, empezaba a reconocer aquellos sitios de los que tanto había oído hablar.

Moncloa, Argüelles, Princesa, Plaza de España y al fondo, casi inalcanzable a causa del horrible tráfico, Gran Vía. Llegaba a la plaza de Callao, y como era la última parada, me bajaba. A partir de ahí empezaba mi aventura de cada día. Lo primero que hacía al bajar del bus era cerrar el bolso y pegármelo al cuerpo. Una vez que eso estaba asegurado, comenzaba a caminar. Hacia arriba o hacia abajo, pero siempre en línea recta. Nunca me atrevía a girar hacia alguna de las calles que daban a sitios que parecían no tener salida, y en caso de tenerla, no hacia un lugar seguro.

Tampoco me arriesgaba a pasar de la línea que une Montera con Fuencarral, aquello era impensable y ¡quién sabe qué me podía pasar si lo hacía! El caso es que quien diga que Gran Vía se puede conocer en un día está muy equivocado, ¡Ni en una semana! A mí me costó incluso meses, tal vez por miedo, por pasividad en algunos casos, pero lo cierto es que si no hubiera sido por eso hoy no conocería a esta calle tan bien como creo que la conozco. Es verdad que nunca dejaré de descubrir sitios nuevos, pero eso, si cabe, la hace todavía más atrayente.

El corazón de Madrid ofrece un sin fin de ofertas que yo trato de no desaprovechar. Starbucks, H&M, Zara… todo lo necesario para poder pasar una jornada dedicándome a lo que más me gusta: la moda. En las tiendas compro, revuelvo, subo, bajo, me pruebo cosas, las combino, ¡Me vuelvo loca! Cansada de tanto shopping me siento en una terraza de Starbucks, con mi café en la mano, y me dedico a observar a la gente que pasa.

Me doy cuenta de la cantidad de personas que cada día inundan esa avenida y de lo diferentes que son entre sí. Entre tanto, comentando con mis amigas llegamos a la conclusión de que Fuencarral es la fábrica de los bienvestidos, y tomando eso como excusa y movidas por la pasión que tenemos hacia las nuevas tendencias, nos vamos directas a esta perpendicular. Tras habernos recorrido mil veces la calle de abajo arriba, volvemos de nuevo al punto de partida con ganas de más.

VIPS, Mcdonalds o Pizza Mazziano… anochece, y tras una larga caminata, el hambre comienza a hacerse notar. ¿Se acaba el día, se acaba Gran Vía? Que equivocada estaba. Viernes, sábados e incluso domingos noche, principalmente, se convierten en ese momento clave en el que turistas y madrileños se echan a la calle. Los cines, teatros, cafeterías, pubs y restaurantes se llenan y si no fuera porque el cielo está ya oscuro, parecería que son las cinco de la tarde. Mi rincón favorito de Madrid, creo que sobran los motivos.

Fue la primera calle a la que odié, y también la primera a la que quise. La primera que descubrí y la primera que me descubrió a mí. La que me hizo madurar, crecer y conocer. La que me da serenidad e identidad, diversión, seguridad, alegría. Y es que basta con poner un pie en ella para que alguno de sus múltiples atractivos te saque una sonrisa. Gran Vía es mi pequeña Coruña, aquella a la que siempre quiero volver.

About Paloma Ruiz Vicos

Estudiante de 3º de Periodismo