“Los periodistas escribían sus crónicas del 11-M entre sollozos”

Ricardo Coarasa habla del 11M

Catorce años después de que se produjera el segundo atentado de mayor magnitud en Europa, el periodista Ricardo Coarasa habla de autocensura, sensacionalismo y de cómo se vivió el 11-M en la redacción del periódico La Razón.  

Él es además uno de los autores de 11M, el día que la solidaridad plantó cara al terror, una crónica que recoge cientos de testimonios de heridos, familiares, voluntarios y profesionales sanitarios en el día de la tragedia, y que se escribió con el propósito de que este hecho no quedase en el olvido.

Extremar la profesionalidad y duplicar los esfuerzos

P: ¿De qué manera se llevó a la redacción la noticia del atentado?

R: El día del atentado las líneas telefónicas estuvieron un tiempo inoperativas y, ante la dificultad para contactar con la redacción, opté por irme a la estación de Atocha. En un día de tanta relevancia informativa, era tan importante el trabajo en los escenarios de los atentados como en la redacción del periódico, donde los que pudieron llegar sorteando el caos de tráfico tuvieron que enfrentarse a la tarea de elaborar una edición especial en apenas unas horas.

P: ¿Cómo se gestionó el trabajo dentro de la redacción de La Razón?

R: En las primeras horas, la organización se centró en los medios que había para sacar adelante una edición especial que estuviera cuanto antes en los quioscos. Ya por la tarde, con todos los redactores en el periódico, se afrontó un número especial donde todas las páginas estaban dedicadas al 11-M. Eso exigió un esfuerzo informativo tremendo que, sin embargo, sólo fue el preludio de lo que nos esperaba los días siguientes.

“Las asociaciones de víctimas protestaron por la difusión de imágenes de los heridos”

P: ¿Los medios autocensuraron la publicación de algunas imágenes para no dañar la sensibilidad del espectador?

R: Se tuvo cuidado con las imágenes, aunque en todos los medios se difundieron algunas de heridos, que se podían haber evitado. Las asociaciones de víctimas protestaron, con razón, y la mayoría de los medios las evitaron en adelante, aunque en sucesivos aniversarios algunos volvieron a publicarlas. Hay que considerar que el día del atentado se trabajó en unas condiciones, profesionales y anímicas, excepcionales. Hubo compañeros que escribían sus crónicas entre sollozos y, en general, me consta que el respeto por las víctimas fue unánime.

P:¿Cuántas personas se encargaron de cubrir la noticia en la redacción del periódico?

R: Toda la redacción en su conjunto trabajó en la cobertura de la noticia. El 11-M y sus consecuencias acapararon absolutamente toda la atención informativa, eclipsando al resto de la actualidad, que pasaba a un segundo plano. Como ya había ocurrido el 11-S, todas las secciones se convirtieron en una sola.

“El sensacionalismo era concebido igual, pero el escenario informativo se ha desbordado con las redes”

P: Con la ausencia de Twitter y la reciente llegada de Facebook, ¿cómo fue abarcado este tema en Internet?

R: La repercusión de la noticia en internet es algo que diferencia el 11-M de otros atentados, como el del pasado agosto en Barcelona. La importancia de las redes sociales obliga a una difusión de la información en tiempo real, algo que no sucedía en los atentados de Madrid. Esa premura hace que haya que contrastar cualquier dato con el mayor rigor porque la información apresurada no suele ser la mejor información; un esfuerzo añadido que obliga a extremar la profesionalidad y a duplicar esfuerzos.

P: ¿Cómo se concebía el concepto de “sensacionalismo” por entonces respecto de la actualidad?

R: Se concebía en los mismos términos que en la actualidad, lo que sucede es que ahora el escenario informativo se ha desbordado con las redes sociales e internet. Antes se disponía de más tiempo para elaborar la noticia y extremar la profesionalidad para huir, entre otras cosas, de cualquier atisbo de sensacionalismo. Con las redes sociales, un fantástico aliado para divulgar la información que, sin embargo, en ocasiones parecen más bien un cuadrilátero, el mensaje se distorsiona y es más fácil que se cuele el sensacionalismo.

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About Laura Fernández

Estudiante de 4º Periodismo en Villanueva C.U.

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