“A las víctimas del aceite de colza se nos ha despreciado”

Enfermedad

En mayo de 1981 salió a la luz la peor tragedia sanitaria de la historia de España. Una intoxicación por aceite adulterado con anilinas procedente de Francia, conocido como aceite de colza, envenenó a más de 20.000 españoles.

Carmen Cortés, coordinadora de la Plataforma Síndrome Tóxico, tiene 52 años y es una de las más de 15.000 víctimas envenenadas a día de hoy. Está matriculada en la UNED e intenta continuar sus estudios en Ciencias Jurídicas de la Administración. Sufre dolores musculares y fatiga crónica y precoz, la cual le ha empeorado estos dos últimos años imposibilitándole el estudio. Todo eso sumado a la energía que debe emplear para defender su causa.

“Casi 37 años después nos están empezando a escuchar”

P: ¿En qué momento se encuentran ahora mismo las víctimas de esta intoxicación?

R: Más que intoxicación, nos gusta llamarlo envenenamiento, porque es lo que fue.
Casi 37 años después nos están empezando a escuchar. Y están comenzando a aceptar que es un envenenamiento producido por una negligencia del Estado, por el que fue condenado responsable civil subsidiario. El mismo que no ha cuidado ni establecido los mecanismos adecuados para evitarlo. Ni para proteger y cuidar a sus víctimas. Algo a lo que unánimemente todos los grupos políticos parlamentarios se comprometieron.

P: ¿Qué secuelas tiene?

R: Tiene secuelas neuromusculares muy dolorosas como lumbalgias, cefaleas, calambres, retracciones musculares, fatiga precoz y crónica. Nuestro sistema esquelético y cardiovascular está muy afectado, y en ocasiones sufrimos situaciones graves en órganos vitales, como la hipertensión pulmonar. Además de afectaciones digestivas, cutáneas, pérdidas de sueño y muchos cambios de ánimo.

P: ¿Siente que se les ha tratado adecuadamente?

R: En aquel momento no fuimos atendidos psicológicamente. En vez de tratarnos de víctimas se nos ha tratado como culpables y además, con desprecio. No se nos ha cuidado ni protegido. Somos la primera enfermedad rara de este país y no se nos ha tenido en cuenta jamás. Nunca se nos ha dado el apoyo ni la reparación moral necesaria a unas  víctimas que seguimos sufriendo dolor físico y emocional por esta falta de apoyo institucional.

P: ¿Hoy en día sigue siendo así?

R: Durante mucho tiempo se ha dejado abandonada la situación que padecíamos cada uno de nosotros, tanto en asistencia médica como en investigación y socialmente. Eso te crea de manera inconsciente que no entiendas por qué con la mayor catástrofe que ha sido en este país, el Gobierno y las instituciones sigan respetándonos tan poco.

P: ¿Cree que se les ha abandonado?

R: Yo siempre digo que sí se nos ha abandonado. Cuando no te preocupas por saber cómo están tus víctimas, es abandono. Y además, con ayuda de los medios de comunicación, que lejos de contar la información completa, la sesgaron según los intereses del momento. Se habló de lo que costamos al Estado pero jamás del dinero que las víctimas tuvimos que devolver a éste.

P: ¿Les quitaron dinero?

R: Fuimos indemnizadas como cualquier persona que es víctima de un delito. Pero se tuvo que pagar de forma obligada leche artificial que madres tenían que dar a sus bebés, entierros de nuestros muertos, muletas, incapacidades por no poder trabajar, ayudas dentales por la afectación bucodental… Es como si la ayuda inicial que te dan por una catástrofe como un terremoto o un atentado después te la cobran, vergonzoso. Hay que resaltar, además, que hasta hace pocos años no se ha finalizado el pago y evidentemente ha existido una enorme pérdida del poder adquisitivo.

El logro de las víctimas

P: ¿Ha habido algún avance?

R: Todo lo que estamos consiguiendo ahora, que está siendo poco y lento, es gracias a nuestro empeño y a la pérdida de energías contactando con los políticos, con ministerios… Se acaba de elaborar ahora, y por exigencia nuestra, un protocolo de atención primaria, que tenía que haberse hecho en los años 90 y que desconocemos exactamente cómo se va a aplicar.

P: ¿Qué ocurrirá en un futuro?

R: Pues que aunque nos han quitado la salud para toda la vida, se nos ha negado la posibilidad de vivir de otra manera y de disfrutar de una calidad de vida relativamente plena, estoy convencida que en una sociedad más moderna, como la actual, conseguiremos lo que merecemos. Es de justicia. Es un acuerdo unánime político y con sentencia de responsabilidad de Estado. Pedimos atención médica especializada, de investigación, social y reparación moral. Es decir, calidad de vida. Y lucharemos hasta conseguirlo.

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