La suciedad es relativa si vives en la calle

Durante 30 años vivió feliz en su matrimonio. Después llegaron cinco años en prisión, y desde hace siete ocupa un invisible lugar en la sociedad cobijándose en las calles de Madrid. Javier, que se autodefine como indigente, pasea por las callejones, come tres veces al día en el albergue más próximo y duerme en un compartimento con decenas de personas. En dos meses caduca su plaza para poder permanecer en el hogar de personas sintecho. (*)

Con la piel de las manos rota por el frío, Javier pide a estos reporteros que nos retiremos del recoveco en el que decidimos pararnos, ya que está repleto de cartones con mantas amontonadas y bolsas en dudoso estado, llenas de comida con irrelevante fecha de caducidad. Ese no era su sitio, se lo guardaba a Ángel, y fue entonces cuando hizo gala de las leyes de la calle que juran respetar al otro. ¿Por qué? Lealtad.

“Lo único que me preocupa es poder ver a mis hijos”

¿Alternativas a la miseria?

Javier cuenta su historia sin titubeos, dice que ahora está “en la miseria” y que la Comunidad de Madrid no le ofrece alternativa. Llegó al duro mundo de la indigencia por culpa del “alcohol, las drogas y las mujeres”, pero entiende que “parte de culpa la tiene el Gobierno”. Chaqueta sobre chaqueta y jersey sobre jersey, se protege de los tantos grados bajo cero que le brinda el día. Con un par de guantes andrajosos en su bolsillo izquierdo y con un par de gorros deshilachados, la cara de Javier se reduce a dos vivos ojos de mundo, de arrepentimiento, de esperanza y de entusiasmo postizo.

“Quién va a contratar a alguien con estas pintas, sin dientes y que vive en la calle”

Con una barba mal afeitada de hace un par de días y con “apenas dientes”, Javier es un indigente, pero “un indigente digno” que intenta reinsertarse. Sin embargo, su aspecto físico, castigado por la calle, es “ilógico” para presentarse a una entrevista. No obstante, no cesa; hace menos de un mes se presentó a uno de los bares próximos a pedir trabajo, “pero claro, quién va a contratar a alguien con estas pintas, sin dientes y que vive en la calle”.

Ser un “indigente limpio”

La última encuesta ciudadana realizada por el Ayuntamiento de Madrid, sitúa la pobreza como la preocupación número 20 de los ciudadanos frente a la limpieza en las calles que lidera el ranking. “¿Qué opinas de estos resultados?”, preguntamos a Javier. “A mí me gusta ducharme. Antes de tener la opción del albergue, me aseaba en los baños públicos de La Latina. Me gusta estar limpio”. Así responde, ajeno a la encuesta, ajeno al universo ciudadano, ajeno a la gente que pasa por delante de él tirándole un par de monedas. Así responde. Desde su mundo invisible, desde la calle que le abriga.

¿Queda esperanza? “Lo único que me preocupa es poder ver a mis hijos, lo demás, me voy curando en salud”, responde Javier. Sonriente, lejos de toda solemnidad y autocompasión se despide: “Si necesitáis cualquier cosa ya sabéis donde encontrarme”.

(Con información de Marcos H. De la Morena y Nazaret Moris Rull)

(*) Este artículo forma parte del proyecto de los alumnos de 4º de Periodismo de Villanueva C.U. para abordar informativamente las principales preocupaciones de los madrileños. Vea aquí el resto de las informaciones 

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About Diana Fernández

Estudiante de 4º de Periodismo en Villanueva C.U.

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