Las residencias de primera infancia reinventan la palabra “mamá”

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Niños de edades inferiores a seis años corretean por el patio, saltan en castillos hinchables y miran con asombro cantar y bailar a sus maestras: las Hermanas de Leuca. Pequeños de países como Sudáfrica, China, Perú, Costa Rica y Chile, entre otros, se reúnen en un mismo lugar: Casa Cuna.

Las residencias de primera infancia acogen niños y niñas con carácter temporal, en tanto se solventan las dificultades familiares que dieron lugar a la medida de protección, trabajando con las familias, para que los menores puedan volver a estas en cuanto sea posible.

La novedad en este tipo de casas es que durante este rango de edad se intenta que aquellos niños que no pueden retornar con sus familias de origen crezcan con otra familia a través de la figura del acogimiento familiar.

Inocentes del hogar

“La gran mayoría ha sido maltratada por su padre -cuenta la Hermana Ana Carmen, directora del centro- y en el momento en que ven a un hombre se asustan, porque los niños lo asocian todo“. El cambio tan radical que sufren los pequeños al ser trasladados hace que les cueste muchos adaptarse, pero la dedicación y el cariño de sus tutoras les sube el autoestima.

Algunos padres llevan a sus hijos directamente a Casa Cuna porque aceptan el problema que existe dentro de la familia y deciden alejar al menor de ese ambiente tan desestructurado. “Hay padres que han traído a sus hijos y no han vuelto a aparecer -explica la directora- siempre intentamos trabajar con las familias pero cuando desaparecen, la única opción que tenemos es llamar a los Servicios Sociales“.

“A veces me siento impotente ante las situaciones que han tenido que vivir”

El respeto y la tolerancia son los primeros valores que las Hermanas de Leuca intentan inculcar a sus pequeños, y así cuando crezcan y tengan que ir a otra casa de acogida o volver con su familia, sabrán convivir en armonía con los demás.

“A mi me marcó mucho venir a Casa Cuna -recuerda la Hermana Ana Carmen- es sentirse madre de un día para otro, tener que involucrarte totalmente con ellos“. La directora del centro, desde que llegó en 1997 a la residencia, acuesta todos los días a los pequeños. Recorre sus camas uno a uno, dándoles un beso de buenas noches y arropándolos.

“Cuando se despierta alguno de madrugada, nos llaman mamá -explica la directora- les tenemos que explicar que nosotras no somos sus madres, pero sinceramente, pienso que la maternidad no es solamente tener un hijo sino cuidarlo como tal.”

Un futuro incierto

Cada año 8.500 menores quedan en situación de orfandad, y únicamente el 45% de ellos vive con otro miembro de su familia. Actualmente 18.000 niños residen en casas de acogida en España y 4.000 en la Comunidad de Madrid. A parte de la situación de orfandad, los malos tratos, el alcoholismo, las drogas y el abandono por parte de los progenitores, se encuentra a la orden del día ante los motivos de por qué cada año alrededor de 8.000 menores entran en régimen de acogida en España.

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