“España es mi gente”

Cuando parece que los cimientos de España se tambalean, producto de unos pocos frente a una gran mayoría, el pueblo rompe su silencio y se enfunda la bandera, la gente sale a la calle con un único objetivo: consolidar la unión de su país y demostrar que España es mucho más que 17 Comunidades Autónomas y un trozo de trapo rojo, amarillo y rojo.

Para una parte de los ciudadanos España es la gente que vive en este país: la inocencia de un niño, el carácter de un adolescente, la ganas de “juerga” de un joven en Malasaña, la espontaneidad de un adulto y el cariño de un anciano. Desde la madrugada del 8 de octubre la entonces mayoría silenciosa comenzó a hacerse notar, las banderas esteladas fueron sustituidas por la rojigualda, y muchos de ellos era la primera vez que salían a las calles para reivindicar la unidad de un país que parecía resquebrajarse por momentos.

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Un día para no olvidar

Y es que tras despertar la valentía de aquellos que no alzaron la voz, todo indicaba que el 12-0, día de la Hispanidad, sería un día en el que no solo se celebraría el hecho de ser español, sino también un golpe en la mesa para todo aquel que tuviera dudas sobre lo que la gran mayoría piensa.

“Cambiaría los radicalismos, todo aquello que aleje la paz de nuestro país”

La respuesta fue unánime, unidad. Y es que no hay discriminación hacia ninguna bandera, y durante la festividad se pudieron ver banderas catalanas y españolas coexistiendo en armonía en un ambiente que era muy distinto al que veíamos en las calles de Barcelona hace dos semanas.

(Con información de Juan José López Prado)

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