Xevi Fernández y Outsiders Division, una oda a la libertad y la rebeldía

The Bird Boy cuenta la historia real de un joven ruso, Vanya Yudin, que fue criado como un pájaro por su madre hasta que en 2008 fue rescatado. El pequeño sólo podía comunicarse por silbidos, hasta que con su liberación logró volar. Xevi Fernández basa su colección es este peculiar relato, mostrando una colección que inspira libertad.

Bajo un hilo musical un poco perturbador, lleno de silbidos y balbuceos, se presentan prendas delicadas, libres, que entran a la pasarela por dos puertas de jaula abiertas. Las camisas, combinaciones y vestidos ligeros flotan por la moqueta de la sala, imitando el suave vuelo de un ave. Para reforzar todavía más la imagen del pájaro liberado, los accesorios más significativos son los bolsos-jaula, en diferentes colores y formas.

La gama cromática varía entre tonalidades neutras y colores vibrantes, como el verde esmeralda o el amarillo huevo, presentes en las piezas más destacables de la colección. Con la presencia de arrugas en los trajes, la caída de los patrones y la selección del tejido queda patente que lo más importante para este diseñador es el movimiento.

Niños guerreros

Una vez finalizado el descanso reglamentario, comienza Outsiders Division. La propuesta de los jóvenes diseñadores sigue su línea habitual con Brief of Imaginary, evocando a la imaginación, al niño que llevamos dentro, pero en su fase más guerrera.

Lo más llamativo es la mezcla de estampados: cuadros con denim, cuadros con cuadros, lunares con dibujos,… las posibilidades son eternas. Las influencias asiáticas aparecen con la reinvención del kimono tradicional, ajustándolo dentro de la marca, con diseños divertidos que transmiten buena energía, llenos de color.

La prenda más significativa es el traje de chaqueta blanco

Los parches son los protagonistas de este evento, ya sea en tejidos de pana, algodón o denim, e independientemente del patrón de la prenda. Los estampados escoceses y de cuadros evocan a influencias del estilo punk y el hip-hop, reforzados a través de la buena selección de los accesorios.

La prenda más significativa, quizás, sea el traje de chaqueta blanco, cuyo estampado se asemeja a un grafitti en color negro, que materializa el espíritu rebelde de la marca. Con el carrusel final, el espectador puede comprobar como los colores y las formas, en un principio incomprensibles, se complementan perfectamente, producto de un largo y complicado estudio que respeta el ADN de la marca.

Con información de María Escribano.

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