El salvaje oeste japonés de Natalia Rivera y la oda al Motown de Célia Valverde

Son las 12.00 cuando se cierran las puertas de nuevo. Es el turno de Natalia Rivera, una joven diseñadora que inspira su colección Alexandra en el personaje de Alexandra David-Néel, periodista, escritora, budista y orientalista francesa, que encarna perfectamente a la mujer que Rivera quiere representar.

La fusión de oriente y occidente queda reflejada en la pasarela, bajo un hilo musical japonés con ritmos electrónicos. Las modelos flotan sobre la moqueta, ataviadas con prendas románticas, volantes, gasas y transparencias, contrarrestadas con cazadoras de cuero y piel de potro, que añaden este toque cowboy que transporta al espectador a las películas del oeste.

Destaca la inspiración india en la fusión de turbantes y bandas propios de la vestimenta histórica de la guardia inglesa de las colonias británicas en Asia, que añaden ese toque oriental a los looks más occidentales.

La estética romántica dio paso a un viaje a la Nueva Orleans de los años 50 y 60

Cabe destacar los impecables cortes en la sastrería masculina, que reflejan el dominio del patronaje de la diseñadora. Las silueta femenina se embellece, con vestidos que la definen, combinadas con la asimetría de las prendas oversize, muchas de carácter asimétrico.

Fusión de décadas

Tras un breve descanso de cinco minutos, la sala Bertha Benz comienza a brillar con los destellos de luces naranjas, casi de discoteca, mientras comienza a sonar el rap de la australiana Iggy Azalea. Dejamos atrás la estética romántica para pasar a un look actual, que nos transporta a Nueva Orleans en los años 50 y 60, con toques más actuales, reflejados en los 00´s.

La colección de Célia Valverde se compone de veinte piezas femeninas de inspiración Motown, usual en la diseñadora, divididas en tres bloques; el primero presenta un estilo sport, casual, traído al presente con toques del pasado, prendas posibles que reflejan el carácter cambiante de la moda. El segundo se acerca más a la noche, con vestidos pañuelo que caracterizan el estilo del año 2000, con mucha clase y cortes limpios, y vestidos brillantes, piezas joya que deslumbran al público. Por último, el tercer bloque está dedicado a la fantasía. Vestidos surrealistas, imposibles, pelo y gasas, miles de colores. Algunos vestidos recuerdan a las creaciones de Giambattista Valli, vestidos voluminosos de tul a capas, que esconden a la modelo bajo los tejidos.

La mezcla de estampados queda latente con la combinación de flores con motivos animales, las rayas con el estampado de serpiente. Las aberturas en los vestidos son usuales, presentado en ocasiones juegos de volúmenes muy llamativos.

Con información de María Escribano

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