Los Alba… ¿los Buendía de “Cien años de soledad”?

Cien años de soledad

Imaginen un libro mágico y, a la vez, hiperrealista. Un libro cuya historia es completamente imposible y, a a la vez, totalmente creíble. Un libro que cuenta un relato ficticio pero con elementos que todos hemos vivido. Un libro tan absorbente que consigue que todo un país lo lea, que los analfabetos aprendan a leer para poder disfrutarlo y que deslumbra no solo a los críticos sino a la población de a pie. Un libro que costó a su autor 18 meses seguidos de escritura, unos 10.000 dólares y más de 30.000 cigarrillos fumados. ¿Cuesta, verdad? Pues no hablamos de otra obra que Cien años de soledad, un clásico firmado por García Márquez y de cuya publicación se cumple este 5 de junio de 2017 su 50 aniversario.

Es difícil abordar, desde el punto de vista periodístico, una obra tan respetada como esta que nos ocupa: prácticamente, ya está todo dicho, todos los enfoques cubiertos y todos hemos oído hablar de ella. Todos sabemos que trata sobre una familia, los Buendía, y el pueblo que fundaron y en el que habitan: Macondo. A lo largo de sus páginas, se suceden la magia, varias guerras civiles, asesinatos, intentos de suicidio y pasiones tan polémicas como el incesto.

García Márquez fumó más de 30.000 cigarrillos mientras escribía la obra

Es, como ya se ha mencionado, una historia totalmente imposible. Sin embargo, como es propio del realismo mágico en el que se encuentra la obra, tiene unas profundas raíces en la realidad. Tanto es así que se pueden encontrar paralelismos entre la ficción y la actualidad. ¿Podríamos encontrar una familia española como los Buendía? ¿Una cuya historia sea digna de novela, que sea influyente y conocida por todos y formada por personas que parecen personajes?

¿Son los Alba nuestros Buendía?

Sí, y no podría ser otra que la familia Alba, de rancio abolengo, con siglos de historia y miles de páginas en las revistas del corazón. Sustentada para nuestra sociedad en la figura de la archiconocida Duquesa, esta estirpe sigue ocupando titulares en la prensa rosa y despertando el interés y la fascinación de los españoles.

Y aunque las diferencias con los habitantes de Macondo son evidentes, también hay paralelismos que nos permiten acercar a las dos familias. A través de estas visualizaciones acercamos los personajes de la ficción a los de carne y hueso. Para esta simulación no se utilizan comparaciones puras sino que se han seleccionado los rasgos de cada uno que más les acercan a uno u otro Buendía; además, no se respeta la cronología de ninguna de las dos sagas.

Si hay un personaje icónico en la familia Alba esa es la Duquesa. Tras su fallecimiento, dejó tras de sí una serie de anécdotas y vivencias que hacen de ella un personaje digno de cualquier novela: su vida, su carácter y su rebeldía hicieron de ella una persona conocida en todo el mundo. Además, mantuvo su papel como pilar fundamental de su familia hasta su muerte a los 88 años, que tuvo lugar casi tres años después de su boda con un hombre 20 años más joven que ella.

Del mismo modo, Úrsula Iguarán, esposa de José Arcadio Buendía (fundador de Macondo), es uno de los soportes principales no solo de los Buendía sino de toda la novela. Su carácter fuerte y su tenacidad son las que salvan a sus seres queridos de la adversidad en numerosas ocasiones a lo largo de la historia. Aunque tiene rasgos muy diferentes a los de la que tenía el Récord Guinness de más títulos nobiliarios el papel que ambas ocupan como cabeza y pilar de sus clanes hace que la comparación sea inevitable.

Carlos Fitz-James Stuart, desde la muerte de su madre, ocupa el Ducado de Alba y, por tanto, el papel de líder y responsable tanto de la familia como su matrimonio. Esto lo ha hecho utilizando, en algunas ocasiones, la mano dura: una de las más sonadas tuvo lugar cuando “invitó a irse” a su hermano Cayetano del palacio de Liria, según declaró este último a Vanity Fair.

Por su parte, José Arcadio es el fundador de Macondo y, durante la primera parte de la novela, el dirigente de la ciudad. A pesar de su fascinación por los inventos y herramientas que los “gitanos” traen de vez en cuando al pueblo, este funciona bajo su comando y su influencia sobre sus habitantes es grande: muchos de los hombres le acompañan cuando decide emprender una expedición sin rumbo para encontrar la salida al mar más cercana a su pueblo. Así, el poder y la influencia que sustentan ambos personajes les hacen similares.

Durante su infancia, Cayetano tuvo una relación difícil con la Duquesa y vivió una juventud algo alocada en la que, además, triunfó con el deporte: llegó a competir en hípica en dos Juegos Olímpicos. Luego, la relación con su madre fue estrechándose más hasta que esta murió y su hermano, el nuevo duque, le ordenó abandonar el Palacio de Liria en Madrid, donde vivía. Así, quedó separado de uno de los centros neurálgicos de su familia y, además, de la gestión de su patrimonio.

El coronel Aureliano Buendía vive en la novela algunas situaciones parecidas: con una infancia atípica, en la que su principal ocupación era fabricar pescaditos de oro, llega a ocupar el cargo de general en el bando sublevado de diversas guerras civiles, en las que siempre pierde. Así, pasa sus últimos años en Macondo, retomando el hábito de los pececillos dorados y solo. De esta forma, vemos cómo ambos personajes gozan de cierto éxito en su juventud y, a la vez, pasan por un episodio opuesto en sus vidas, en el que dejan de disfrutar el apoyo que tuvieron en otras épocas y experimentan cierta soledad.

La más pequeña de los hijos de la Duquesa es también una de las más atípicas: siguiendo el espíritu rebelde de su madre, ha llegado a separarse en cierto modo de la nobleza en alguna entrevista, trabaja en la asociación Pequeño Deseo (que ayuda a niños hospitalizados) y está tatuada. Además, es uno de los miembros de la familia que más ha aparecido en la crónica rosa.

Rebeca, por su parte, es una niña que llega huérfana a Macondo y es adoptada por los Buendía. Así, tiene una personalidad peculiar que hace ser, a la vez, una extraña para la familia y parte de esta. Acaba enamorándose de José Arcadio y es expulsada por Úrsula de la casa donde vive el clan. El espíritu rebelde y una vida amorosa un poco turbulenta unen a estas dos mujeres.

Siempre nos queda imaginar la cara que puso el primer Alba que descubrió el hielo

Así, podríamos establecer, si España fuese Macondo y los Alba los Buendía, estas similitudes y diferencias. No obstante, la obra de García Márquez sigue siendo una de las obras cumbre del realismo mágico y los hechos que ahí se cuenta, producto de pura ficción que, aunque tenga ciertos parecidos, está muy lejos de la realidad. Y, si no, siempre nos queda imaginar la cara que puso el primer Alba que descubrió el hielo.

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About Javier Pérez Santana

Estudiante de 4º de Periodismo y Comunicación y Gestión de Moda en C.U. Villanueva

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